Propuestas surgidas desde sectores médicos en Canadá para permitir la eutanasia en recién nacidos con discapacidades severas desataron alarma internacional, críticas religiosas y un intenso debate ético sobre el valor de la vida humana.

Canadá vuelve a quedar en el centro de una tormenta moral y ética tras resurgir propuestas impulsadas por sectores médicos que buscan abrir la puerta a la eutanasia para recién nacidos con discapacidades severas o enfermedades consideradas irreversibles. La discusión, ligada al programa canadiense MAID —Asistencia Médica para Morir—, ha provocado indignación en grupos provida, líderes religiosos y organizaciones defensoras de personas con discapacidad.
El debate tomó fuerza nuevamente luego de que representantes del Colegio de Médicos de Quebec plantearan que la eutanasia podría considerarse una “opción de cuidado” para bebés que sufran dolores extremos o condiciones médicas graves sin posibilidad de recuperación. Según reportes internacionales, médicos vinculados al organismo sostuvieron que los padres deberían poder solicitar este procedimiento en casos considerados extremos.
Aunque actualmente la legislación canadiense no permite la eutanasia en menores ni recién nacidos, la sola discusión ha generado fuertes reacciones dentro y fuera del país. El Gobierno canadiense ha indicado que no existe una propuesta legislativa oficial para legalizarla en bebés o niños, pero el tema ha sido discutido anteriormente en comités parlamentarios relacionados con la expansión del programa MAID.
Para sectores cristianos y provida, el debate representa una peligrosa degradación del valor de la vida humana y un avance hacia una cultura donde la discapacidad comienza a verse como motivo suficiente para decidir quién merece vivir. Diversos líderes religiosos han advertido que permitir la muerte inducida de recién nacidos discapacitados bajo argumentos de “compasión” o “sufrimiento” rompe principios fundamentales sobre la dignidad humana.
“El valor de una vida no depende de su condición física ni de su utilidad para la sociedad”, han reiterado organizaciones provida que consideran que estas propuestas normalizan prácticas cercanas a la eugenesia moderna.
La controversia también ha despertado fuertes reacciones en redes sociales y comunidades religiosas. En foros y debates públicos, ciudadanos expresaron horror ante la posibilidad de que bebés con discapacidad sean considerados candidatos para procedimientos de muerte asistida. Algunos usuarios calificaron la discusión como “deshumanizante” y otros señalaron que la sociedad está entrando en una peligrosa normalización de la eliminación de personas vulnerables.
Desde una perspectiva religiosa, el tema ha sido interpretado como una señal del deterioro moral de las sociedades modernas. Iglesias y líderes cristianos sostienen que la vida humana es sagrada desde la concepción hasta la muerte natural y que ningún diagnóstico médico puede justificar terminar deliberadamente con la vida de un niño recién nacido.
El debate también revive críticas sobre la expansión progresiva del programa MAID en Canadá. Desde su aprobación en 2016, la eutanasia pasó de aplicarse únicamente a adultos con enfermedades terminales a incluir casos no terminales y discusiones sobre salud mental. Diversos sectores advierten que el país está entrando en una “pendiente resbaladiza” donde los límites éticos continúan desplazándose cada vez más.
Mientras tanto, organizaciones defensoras de personas con discapacidad han insistido en que la verdadera respuesta debe ser fortalecer el apoyo médico, psicológico y económico para las familias, y no abrir debates sobre terminar con la vida de niños considerados “sin esperanza”.
La polémica refleja una confrontación profunda entre avances legislativos, bioética moderna y principios religiosos que continúan chocando en una de las discusiones más sensibles del mundo actual.

