Entrevista con Itai Reuveni
Por favor, háblenos de sus orígenes familiares.
¿De dónde provienen sus raíces?
Nací en Israel a principios de la década de 1980, en el seno de una familia de inmigrantes iraníes, por lo que mi identidad siempre se ha moldeado en la convergencia de ambos mundos. Soy cien por ciento israelí, pero también me siento profundamente vinculado a mi herencia judía persa. Mi padre llegó a Israel en los años cincuenta, cuando el país aún estaba en sus inicios. Mi madre llegó mucho después, a los 27 años, tras la Revolución Islámica en Irán. Lo dejó todo atrás para comenzar una nueva vida en Israel, donde más tarde conoció a mi padre.

¿Cuál es el legado de su familia? ¿Podría compartir un poco sobre sus antepasados y el trayecto que trajo a su familia a Israel?
Las raíces de mi familia están en Irán, y esa herencia sigue siendo una parte esencial de mi identidad.Mis abuelos también emigraron a Israel, pero mucho más tarde: llegaron en 1994, tras soportar años de persecución y prisión en Irán por el solo hecho de ser judíos. La suya es una historia de resiliencia, coraje y esperanza. La cultura persa sigue muy presente en nuestro hogar; se refleja en nuestras tradiciones, nuestra gastronomía, nuestro idioma y en la forma tan particular en que celebramos las festividades judías a través de las costumbres persas. Creo que esto aplica a muchas familias israelíes. Israel reunió a judíos de todos los rincones de la diáspora y, aunque todos nos convertimos en israelíes, cada comunidad preservó una parte de su propia historia y cultura. Esa es una de las mayores fortalezas de Israel.¿
Dónde nació y dónde pasó su infancia?Nací y crecí en Ascalón. En mi infancia era una ciudad relativamente pequeña; hoy se ha convertido en una de las ciudades costeras más grandes y vibrantes de Israel. Vivir tan cerca del Mediterráneo me regaló una infancia increíble, pero crecer cerca de la Franja de Gaza también significaba que la seguridad era una constante en la vida cotidiana.Como la mayoría de los ciudadanos israelíes, prestó servicio en las Fuerzas de Defensa de Israel.

¿Podría contarnos sobre su servicio militar y el papel que desempeñó?
Al igual que la mayoría de los israelíes, me incorporé a las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI) al cumplir los dieciocho años. Me presenté como voluntario para la Brigada de Paracaidistas, una de las unidades de infantería de élite de las FDI, reconocida por su boina roja.No fue fácil ser admitido, pero tuve la fortuna de ganarme un lugar y serví allí durante tres años en el transcurso de la Segunda Intifada, un periodo especialmente complejo en la historia de Israel. Tras completar mi servicio obligatorio, continué prestando servicio en la reserva, tal como lo hacen los integrantes de mi unidad cada año y cada vez que el país nos convoca ante una emergencia. Desde entonces, he servido durante la Segunda Guerra del Líbano y, más recientemente, a lo largo de la guerra actual.
¿De qué manera moldeó su experiencia en las FDI su liderazgo y su visión del mundo?
No creo que la gente valore del todo cuán profundamente puede moldear el carácter de una persona el servicio militar, en especial el de combate. Le enseña a uno lecciones que lo acompañan de por vida, tanto en el ámbito personal como en el profesional. Si tuviera que resumir la experiencia en una sola palabra, sería perspectiva. Aprendes a valorar las cosas que la mayoría da por sentadas; aprendes a tomar decisiones difíciles bajo presión, a resolver problemas complejos con información limitada y a seguir respondiendo incluso en situaciones de extremo estrés.
Quizá lo más importante es que aprendes que el liderazgo no consiste en dar órdenes, sino en ganarse la confianza, asumir responsabilidades, dar el ejemplo y velar por quienes están a tu lado. Esas lecciones han permanecido conmigo mucho después de haberme quitado el uniforme. Han influido en la manera en que enfoco mi vida profesional, mis relaciones interpersonales y mi forma de entender la responsabilidad y el liderazgo.
¿Cómo fue su transición del servicio militar a la investigación, las comunicaciones y los asuntos internacionales?
Siempre me ha movido el deseo de aportar una contribución significativa. Desde muy joven me fascinó comprender cómo funcionan las sociedades: cómo la política moldea a las naciones, cómo se forma la opinión pública y cómo las instituciones influyen en el mundo que nos rodea. Al terminar mi servicio militar, viajé durante un tiempo antes de comenzar mis estudios universitarios. Obtuve mi licenciatura y mi maestría en Ciencia Política, enfocándome en movimientos sociales y protesta política. Mi labor académica me llevó de forma natural al estudio de la sociedad civil, la influencia de las ONG y su creciente rol en la política internacional. A medida que profundizaba en estos temas, me interesé cada vez más en la comunicación estratégica, los asuntos internacionales y las dinámicas mediante las cuales las narrativas moldean las políticas públicas y la percepción global. Ese camino me condujo finalmente a NGO Monitor, donde tengo la oportunidad de combinar la investigación, la comunicación y el alcance internacional para abordar algunos de los desafíos más apremiantes de nuestro tiempo.

¿Qué le inspiró a consagrar su carrera a combatir el antisemitismo y promover la comunicación estratégica?
Mirando hacia atrás, me doy cuenta de que la motivación detrás de mi trabajo actual es muy similar a la que me impulsaba durante el servicio militar: en ambos casos se trata de proteger a las personas. Como soldado, implicaba proteger físicamente a mi país. Hoy significa defender la verdad, encarar la desinformación y cuestionar los relatos que pretenden demonizar a Israel o al pueblo judío.El antisemitismo siempre se ha adaptado a las distintas épocas de la historia. En la actualidad, suele propagarse a través de la desinformación, las redes sociales, el activismo político y las instituciones internacionales. Por ello, la comunicación estratégica resulta fundamental; no para persuadir a la gente de adoptar una opinión determinada, sino para garantizar que tengan acceso a datos concretos, contexto e información digna de crédito. En última instancia, considero que defender al pueblo judío, al Estado de Israel y los principios de las sociedades democráticas es algo que no solo sirve a los israelíes o a los judíos, sino a cualquiera que valore la verdad y la libertad.
¿Cómo describiría la vida cotidiana en Israel hoy en día?
En general, la vida cotidiana en Israel es de una normalidad sorprendente. La gente se despierta por la mañana, lleva a sus hijos a la escuela, va a trabajar, se reúne con amigos, sale a restaurantes, asiste a conciertos, celebra festividades y disfruta de la vida tal como lo hace cualquier persona en cualquier otra parte del mundo. Por supuesto, Israel también afronta desafíos de seguridad extraordinarios, y los años transcurridos desde el 7 de octubre han sido particularmente arduos. Durante los periodos de conflicto, la rutina diaria inevitablemente se altera. Sin embargo, una de las virtudes más admirables de la sociedad israelí es su resiliencia. Incluso en los momentos más difíciles, la vida continúa. La gente se adapta, se apoya mutuamente y sigue adelante. A muchos visitantes les sorprende descubrir que Israel es también un país sumamente seguro en términos de delincuencia común. Más allá de la coyuntura de seguridad, la vida diaria aquí es mucho más cotidiana (y mucho más vibrante) de lo que muchos imaginan.

¿De qué manera los acontecimientos recientes han cambiado la vida de las familias israelíes del común?
El 7 de octubre transformó a la sociedad israelí de forma profunda. Al igual que cientos de miles de israelíes, he sido convocado al servicio de reserva repetidamente. Muchas personas han tenido que apartarse de sus familias y profesiones durante meses seguidos, regresar a casa y volver a ser convocadas poco después. Los ataques también obligaron a muchos israelíes a replantearse premisas arraigadas sobre la seguridad, nuestra región e incluso las perspectivas de paz. Al mismo tiempo, este periodo sacó a la luz algo extraordinario de la sociedad israelí: fuimos testigos de un nivel inédito de solidaridad, resiliencia y responsabilidad compartida.
Las comunidades se movilizaron casi de la noche a la mañana para apoyar a los soldados, a las familias desplazadas, a los civiles heridos y entre sí. A pesar de la adversidad, los israelíes demostraron una entereza admirable. Esa sea, quizás, una de las lecciones más valiosas que deja este capítulo tan difícil.
¿Qué cree que el mundo suele malinterpretar sobre Israel?
Existen ideas erróneas sobre Israel que son promovidas deliberadamente por quienes buscan deslegitimar al país, proyectando a los israelíes como personas que buscan constantemente el conflicto o la violencia. Esas representaciones difieren abismalmente de la realidad. Sin embargo, muchas de estas confusiones responden simplemente al desconocimiento. Con frecuencia se imagina a Israel como un desierto habitado casi en su totalidad por judíos religiosos. En realidad, Israel es una de las sociedades más diversas del planeta. Nuestra población incluye a judíos provenientes de todos los continentes, junto con comunidades musulmanas, cristianas, druzas y muchas otras. Cerca de una cuarta parte de los ciudadanos israelíes no son judíos. El árabe se habla ampliamente y la diversidad del país se refleja en todo: desde su cultura y gastronomía hasta su política y vida pública.
A muchos visitantes también les asombra descubrir lo moderno, innovador y dinámico que es Israel. Más allá de los titulares, descubren un país repleto de creatividad, emprendimiento, cultura, playas, vida nocturna y una trama social sumamente vital.A pesar de los desafíos, ¿qué les da esperanza a los israelíes?La esperanza está entretejida en la identidad misma de Israel.
Nuestro himno nacional es Hatikvah —«La Esperanza»—, y no creo que sea una coincidencia. Los israelíes comprendemos que esta es nuestra patria ancestral: es donde comenzó nuestra historia, donde se desarrolló nuestra cultura y donde reconstruimos nuestra vida nacional tras siglos de exilio. Ese sentido de pertenencia engendra resiliencia. Sin duda enfrentamos intensos debates internos y amenazas externas, pero bajo esas discrepancias subyace la convicción compartida de que este es nuestro hogar. Esa certeza le da al pueblo la fuerza para superar las adversidades y continuar construyendo el futuro.
¿Cómo logra mantener el equilibrio entre el trabajo, la familia y su vida personal?
En estos días, suelo bromear diciendo que ya no se trata de conciliar la vida laboral y la familiar, sino de equilibrar el trabajo, la familia y la guerra. Como muchos israelíes, llevo sobre mis hombros tres responsabilidades paralelas: mi familia, mi carrera profesional y mi servicio activo como soldado combatiente en la reserva. Armonizar esos tres mundos no es sencillo. Hay sacrificios, interrupciones inesperadas y momentos difíciles para todos los involucrados. Lo que lo hace posible es contar con el respaldo de las personas que te rodean, mantenerse enfocado en lo verdaderamente esencial y aceptar que, a veces, las circunstancias exigen flexibilidad.
Confiemos en que llegará el día en que la componente de la «guerra» desaparezca y la conversación vuelva a girar en torno a algo mucho más simple: el equilibrio entre el trabajo y la vida personal.
¿Ha visitado América Latina anteriormente?
Si es así,
¿cuáles fueron sus impresiones?Lamentablemente, aún no he tenido la oportunidad de visitar América Latina, aunque es una región que he deseado explorar durante años. He viajado extensamente por Europa, Oriente Medio y Asia, pero Centroamérica y Sudamérica siguen siendo una asignatura pendiente en mi lista. Aun así, he seguido de cerca los acontecimientos de la región, tanto en lo profesional como en lo personal, y siempre me ha atraído su riqueza histórica, cultural y humana.
Espero que esa realidad cambie muy pronto.¿Qué es lo que más le interesa de Guatemala y de América Latina?Mi interés por América Latina es tanto personal como profesional. En el plano profesional, me vinculé estrechamente a la región a través de mis investigaciones. En 2018, junto a aliados en diversos países latinoamericanos, lideré un proyecto que examinó las organizaciones que promueven campañas de boicot contra Israel y narrativas antisemitas en la región.
Ese trabajo me brindó una comprensión mucho más profunda del panorama político y social de América Latina. En el ámbito personal, siempre he admirado la cultura, la historia y la calidez de su gente. Tengo amigos que han viajado allí, otros que residen en la región, y he escuchado innumerables relatos sobre su hospitalidad. Guatemala, en particular, siempre ha destacado para mí debido a la histórica relación de amistad entre nuestros países.
¿Por qué considera importante fortalecer el vínculo entre Israel y América Latina?
Creo firmemente que las relaciones significativas se construyen sobre la base del diálogo y no de la coincidencia absoluta. Israel no necesita estar de acuerdo con cada país en todos los temas, del mismo modo que dos amigos no coinciden en todo. Las diferencias de opinión son saludables: estimulan el debate, el aprendizaje y el respeto mutuo. Lo fundamental es que continuemos conociéndonos.
Israel tiene mucho que aprender del pueblo de Guatemala y de América Latina, y considero que nosotros también poseemos experiencias y conocimientos valiosos para compartir. Las relaciones sólidas benefician a ambas partes, no solo en lo político, sino también en los ámbitos cultural, académico, económico y personal.
¿Qué rol pueden desempeñar las universidades, las iglesias, los líderes empresariales y la sociedad civil para promover el entendimiento y combatir el antisemitismo?
Estas instituciones son las encargadas de forjar el futuro. Las universidades forman a los líderes del mañana; las iglesias ofrecen orientación moral; las empresas influyen en la sociedad mediante la innovación y el liderazgo económico; las organizaciones de la sociedad civil moldean el discurso público. Juntas, ejercen una enorme influencia en la manera en que las personas perciben el mundo.
En una era en la que la desinformación se propaga con mayor rapidez que los hechos, estas instituciones tienen una responsabilidad ineludible. Pueden fomentar el pensamiento crítico, promover un diálogo honesto y ayudar a comprender que el antisemitismo no es un asunto que atañe únicamente a los judíos, sino una señal de alerta para cualquier sociedad democrática.
La historia ha demostrado que el antisemitismo nunca se detiene en los judíos: termina amenazando las libertades y los valores de las sociedades que lo dejan prosperar.Entendemos que está abierto a visitar Guatemala, Centroamérica y Sudamérica.
¿Qué es lo que más le entusiasma ante la posibilidad de dirigirse a audiencias de toda la región?
Uno de los mayores privilegios de mi labor ha sido la oportunidad de conocer a personas de diversas culturas y orígenes. A lo largo de los años he impartido cientos de conferencias alrededor del mundo, y cada auditorio me enseña algo nuevo. También he compartido con delegaciones de América Latina que han visitado Israel, y esas conversaciones me dejaron una huella perdurable. Lo que más me motiva es la oportunidad de escuchar tanto como de hablar. Cada país tiene sus propias vivencias, retos y perspectivas.
Comprender esas diferencias me permite adaptar mi mensaje para que resulte cercano y significativo.
¿Qué temas le apasiona más compartir durante sus conferencias?
Oriente Medio ocupa, por supuesto, un lugar central en mis intervenciones, dado que gran parte de lo que la gente cree saber sobre la región está moldeado por los titulares y no por la realidad factual. Asimismo, expongo ampliamente sobre el antisemitismo contemporáneo, la comunicación estratégica, la guerra de la información y la creciente influencia de las ONG y la sociedad civil en la política internacional.
Por último, comparto mis propias vivencias; no porque mi historia sea excepcional, sino porque las experiencias personales suelen ayudar a comprender cuestiones complejas de un modo más humano y cercano. Los datos son fundamentales, pero las historias son las que permiten conectar con esos datos.
¿Qué impacto esperaría dejar en las personas que asistan a sus presentaciones?
Mi propósito no es persuadir a la gente para que piense exactamente como yo. Más bien, espero que se lleven una mejor comprensión de la complejidad de estos temas, una mayor curiosidad por profundizar y la determinación para cuestionar los relatos simplistas.
Si alguien se retira formulando mejores preguntas, examinando la información de manera más crítica y reflexionando con mayor ecuanimidad sobre Oriente Medio, considero que mi trabajo ha sido un éxito. El conocimiento debe empoderar a las personas para pensar de forma autónoma.
A lo largo de la historia, los cristianos de todo el mundo han mantenido un interés especial por Israel.
Desde su perspectiva, ¿por qué es importante fortalecer hoy la relación entre Israel y las comunidades cristianas?
El vínculo entre el cristianismo y el judaísmo es tanto histórico como profundo. Nuestra historia compartida, nuestros valores comunes y nuestras Sagradas Escrituras crean una conexión milenaria. En el corazón del sionismo reside el reconocimiento del derecho del pueblo judío a la autodeterminación en su patria ancestral.
Para los cristianos, la Tierra de Israel posee asimismo un profundo significado espiritual.Lamentablemente, en las últimas décadas hemos observado esfuerzos deliberados por parte de activistas antiisraelíes para debilitar ese lazo histórico.
En algunos casos, se han manipulado argumentos teológicos para sembrar división allí donde tradicionalmente ha existido fraternidad. En una época en que muchos de los valores compartidos por judíos y cristianos son cuestionados cada vez más, considero más crucial que nunca estrechar nuestros lazos, profundizar en el conocimiento mutuo y continuar trabajando unidos.
Muchas iglesias desean comprender mejor la realidad de Israel más allá de los titulares.
En su opinión, ¿qué rol pueden desempeñar las organizaciones cristianas en la promoción de la verdad, el diálogo y el entendimiento?
Las organizaciones cristianas pueden desempeñar un papel extraordinario mediante la simple promoción de la educación, el diálogo y la experiencia directa. Cuanto más aprenda la gente directamente de fuentes fidedignas, visite Israel, plantee preguntas y conozca diversas perspectivas, menor será la probabilidad de que se deje influenciar por la desinformación o por relatos ideológicos.
Las iglesias pueden propiciar espacios donde las personas se sientan cómodas formulando preguntas difíciles, escuchando distintos puntos de vista y desarrollando una visión más matizada de Israel y del contexto de Oriente Medio.
¿Cuáles son las ideas erróneas sobre Israel que encuentra con mayor frecuencia al hablar con audiencias cristianas en todo el mundo?
La respuesta varía según el país, la denominación y el público. Muchos cristianos que nunca han visitado Israel sienten una curiosidad natural por las comunidades cristianas que residen aquí, los lugares santos y las relaciones entre judíos, cristianos y musulmanes. En mi experiencia, la mayoría de esas inquietudes no surgen de la hostilidad, sino de una auténtica curiosidad.
Muchos líderes cristianos desean educar a sus congregaciones sobre Israel, el antisemitismo y el contexto geopolítico actual.
¿Por qué considera que estas conversaciones son importantes para la Iglesia de hoy?
Considero que todo líder tiene la responsabilidad de ayudar a su comunidad a comprender el mundo en el que vive. Ya sea que se dirija una iglesia, una institución educativa, una empresa o una comunidad, las personas buscan en sus líderes no solo orientación, sino también criterio y perspectiva.
Eso exige brindar contexto, propiciar debates reflexivos y ofrecer herramientas para pensar con sentido crítico. En la actualidad, muchas personas forman sus criterios a través de titulares, redes sociales o videos breves que rara vez reflejan el panorama completo. De ahí la importancia de estas conversaciones: permiten ir más allá de los eslóganes y captar la complejidad tras los acontecimientos.
El objetivo no es decirle a la gente qué pensar, sino ayudarla a analizar con mayor detenimiento, a formular mejores preguntas y a buscar la verdad.
Como alguien que ha servido en las Fuerzas de Defensa de Israel y que ahora trabaja en investigación y comunicación estratégica, ¿qué perspectiva única considera que puede ofrecer a las audiencias cristianas?
Creo aportar dos perspectivas que se complementan mutuamente. La primera proviene de la vivencia personal: he servido en combate, he participado en múltiples conflictos armados y he presenciado de primera mano la realidad con la que la mayoría de la gente solo se topa a través de los noticieros. He conocido el rostro humano del conflicto: las decisiones difíciles, la incertidumbre y la enorme responsabilidad que entraña velar por la seguridad de otros.
La segunda surge de mi labor profesional: me dedico al estudio de las relaciones internacionales, la sociedad civil, la comunicación estratégica y el papel que desempeñan las ONG en la conformación de la opinión pública global. Mi trabajo me permite distanciarme de la coyuntura para examinar las dinámicas políticas, sociales e informativas más amplias que inciden en cómo se perciben los conflictos.
En conjunto, estas vivencias me permiten enlazar la realidad sobre el terreno con el debate internacional. Considero que las audiencias se enriquecen al escuchar ambas dimensiones.
¿Qué pueden aportar los pastores, educadores cristianos y líderes de ministerios al escuchar el testimonio de primera mano de un israelí que ha experimentado tanto el servicio militar como el campo de batalla de la información actual?
El liderazgo comienza con la comprensión. Cuanto más informados estén los líderes, mejor preparados estarán para orientar a sus comunidades a través de temas complejos y a menudo controvertidos. Escuchar un testimonio de primera mano aporta algo que ni los artículos, ni las redes sociales, ni la televisión pueden transmitir: ofrece contexto, vivencia personal y la oportunidad de formular preguntas de manera directa. Cuando los líderes comprenden la complejidad de Israel, de Oriente Medio y del antisemitismo moderno, se hallan mejor capacitados para educar a otros con sabiduría, equilibrio y solvencia.
Si una organización cristiana estuviera considerando recibirlo para una conferencia, ¿qué le gustaría que los participantes se llevaran de esa experiencia?
Por encima de todo, espero que los participantes se lleven conocimiento. Confío en que adquieran una comprensión más profunda sobre Israel, escuchen relatos que sitúen la actualidad en un contexto humano y obtengan herramientas prácticas para interpretar con mayor criterio lo que ven en las noticias. Sobre todo, espero que salgan motivados a continuar aprendiendo. Ninguna conferencia puede resolver todas las dudas, pero sí puede inspirar a las personas a seguir cuestionando y buscando información fidedigna.
¿Qué mensaje de esperanza le gustaría dejar especialmente a los pastores, líderes cristianos e iglesias de toda América Latina?
Mi mensaje es sencillo: estamos con ustedes. La amistad no exige coincidencia absoluta; las relaciones sanas acogen conversaciones honestas, desacuerdos respetuosos y aprendizaje mutuo. Lo trascendental es que sigamos caminando juntos, fortaleciendo el vínculo entre Israel, el pueblo judío y las comunidades cristianas de toda América Latina.
Estoy convencido de que estas relaciones cobrarán aún mayor relevancia en los años venideros, y espero contribuir a consolidarlas en todo lo que esté a mi alcance.Mensaje final¿Por qué cree que su historia personal —desde los orígenes de su familia y su servicio en las Fuerzas de Defensa de Israel hasta su trabajo actual en comunicación estratégica— puede ayudar a las audiencias cristianas a comprender mejor a Israel e inspirarlas a convertirse en embajadoras de la verdad, la paz y unas relaciones más sólidas entre Israel y América Latina?
No considero que mi historia trate sobre mí; la veo como una ventana hacia la historia del Israel moderno. A través de un recorrido personal —desde ser hijo de inmigrantes judíos iraníes, pasar por el servicio militar, hasta la investigación académica y la proyección internacional— es posible comprender mejor los desafíos, los valores y las aspiraciones que moldean a la sociedad israelí en la actualidad. Si mis vivencias ayudan a que las personas comprendan mejor a Israel, analicen con mayor sentido crítico lo que escuchan o se sientan inspiradas a ser líderes ecuánimes y embajadores de la verdad, habré alcanzado algo significativo.
Espero también que mi testimonio demuestre que el liderazgo no comienza con títulos ni cargos; empieza con la disposición a servir, a seguir aprendiendo y a asumir responsabilidades. A fin de cuentas, soy simplemente alguien que creció en Ascalón y siguió el camino del servicio. Si ese trayecto motiva a otros a marcar una diferencia positiva en sus propias comunidades, entonces es una historia que vale la pena compartir.
¿Qué mensaje le gustaría dejar a los lectores del Periódico La Palabra, especialmente a los pueblos de Guatemala, Centroamérica y Sudamérica?
A los lectores del Periódico La Palabra, deseo expresarles mi más sincero agradecimiento por su interés en Israel y por dedicar su tiempo a leer esta entrevista. Aunque nos separan miles de kilómetros, estoy convencido de que compartimos muchos de los mismos valores: la fe, la familia, la comunidad, la libertad y la esperanza.
Anhelo visitar pronto Guatemala y otros países latinoamericanos, conocerles en persona, aprender de sus comunidades y dar continuidad a este diálogo de cara a cara. Hasta entonces, sepan que cuentan con muchos amigos aquí en Israel. Entrevista con Itai ReuveniPor favor, háblenos de sus orígenes familiares.
¿De dónde provienen sus raíces? Nací en Israel a principios de la década de 1980, en el seno de una familia de inmigrantes iraníes, por lo que mi identidad siempre se ha moldeado en la convergencia de ambos mundos. Soy cien por ciento israelí, pero también me siento profundamente vinculado a mi herencia judía persa. Mi padre llegó a Israel en los años cincuenta, cuando el país aún estaba en sus inicios. Mi madre llegó mucho después, a los 27 años, tras la Revolución Islámica en Irán. Lo dejó todo atrás para comenzar una nueva vida en Israel, donde más tarde conoció a mi padre.
¿Cuál es el legado de su familia? ¿Podría compartir un poco sobre sus antepasados y el trayecto que trajo a su familia a Israel?
Las raíces de mi familia están en Irán, y esa herencia sigue siendo una parte esencial de mi identidad.Mis abuelos también emigraron a Israel, pero mucho más tarde: llegaron en 1994, tras soportar años de persecución y prisión en Irán por el solo hecho de ser judíos. La suya es una historia de resiliencia, coraje y esperanza.
La cultura persa sigue muy presente en nuestro hogar; se refleja en nuestras tradiciones, nuestra gastronomía, nuestro idioma y en la forma tan particular en que celebramos las festividades judías a través de las costumbres persas.
Creo que esto aplica a muchas familias israelíes. Israel reunió a judíos de todos los rincones de la diáspora y, aunque todos nos convertimos en israelíes, cada comunidad preservó una parte de su propia historia y cultura.
Esa es una de las mayores fortalezas de Israel.¿Dónde nació y dónde pasó su infancia?Nací y crecí en Ascalón. En mi infancia era una ciudad relativamente pequeña; hoy se ha convertido en una de las ciudades costeras más grandes y vibrantes de Israel. Vivir tan cerca del Mediterráneo me regaló una infancia increíble, pero crecer cerca de la Franja de Gaza también significaba que la seguridad era una constante en la vida cotidiana.
Como la mayoría de los ciudadanos israelíes, prestó servicio en las Fuerzas de Defensa de Israel.
¿Podría contarnos sobre su servicio militar y el papel que desempeñó?
Al igual que la mayoría de los israelíes, me incorporé a las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI) al cumplir los dieciocho años. Me presenté como voluntario para la Brigada de Paracaidistas, una de las unidades de infantería de élite de las FDI, reconocida por su boina roja.No fue fácil ser admitido, pero tuve la fortuna de ganarme un lugar y serví allí durante tres años en el transcurso de la Segunda Intifada, un periodo especialmente complejo en la historia de Israel.
Tras completar mi servicio obligatorio, continué prestando servicio en la reserva, tal como lo hacen los integrantes de mi unidad cada año y cada vez que el país nos convoca ante una emergencia. Desde entonces, he servido durante la Segunda Guerra del Líbano y, más recientemente, a lo largo de la guerra actual.
¿De qué manera moldeó su experiencia en las FDI su liderazgo y su visión del mundo?
No creo que la gente valore del todo cuán profundamente puede moldear el carácter de una persona el servicio militar, en especial el de combate. Le enseña a uno lecciones que lo acompañan de por vida, tanto en el ámbito personal como en el profesional. Si tuviera que resumir la experiencia en una sola palabra, sería perspectiva. Aprendes a valorar las cosas que la mayoría da por sentadas; aprendes a tomar decisiones difíciles bajo presión, a resolver problemas complejos con información limitada y a seguir respondiendo incluso en situaciones de extremo estrés.
Quizá lo más importante es que aprendes que el liderazgo no consiste en dar órdenes, sino en ganarse la confianza, asumir responsabilidades, dar el ejemplo y velar por quienes están a tu lado. Esas lecciones han permanecido conmigo mucho después de haberme quitado el uniforme. Han influido en la manera en que enfoco mi vida profesional, mis relaciones interpersonales y mi forma de entender la responsabilidad y el liderazgo.
¿Cómo fue su transición del servicio militar a la investigación, las comunicaciones y los asuntos internacionales?
Siempre me ha movido el deseo de aportar una contribución significativa. Desde muy joven me fascinó comprender cómo funcionan las sociedades: cómo la política moldea a las naciones, cómo se forma la opinión pública y cómo las instituciones influyen en el mundo que nos rodea. Al terminar mi servicio militar, viajé durante un tiempo antes de comenzar mis estudios universitarios.
Obtuve mi licenciatura y mi maestría en Ciencia Política, enfocándome en movimientos sociales y protesta política. Mi labor académica me llevó de forma natural al estudio de la sociedad civil, la influencia de las ONG y su creciente rol en la política internacional. A medida que profundizaba en estos temas, me interesé cada vez más en la comunicación estratégica, los asuntos internacionales y las dinámicas mediante las cuales las narrativas moldean las políticas públicas y la percepción global.
Ese camino me condujo finalmente a NGO Monitor, donde tengo la oportunidad de combinar la investigación, la comunicación y el alcance internacional para abordar algunos de los desafíos más apremiantes de nuestro tiempo.
¿Qué le inspiró a consagrar su carrera a combatir el antisemitismo y promover la comunicación estratégica?
Mirando hacia atrás, me doy cuenta de que la motivación detrás de mi trabajo actual es muy similar a la que me impulsaba durante el servicio militar: en ambos casos se trata de proteger a las personas. Como soldado, implicaba proteger físicamente a mi país. Hoy significa defender la verdad, encarar la desinformación y cuestionar los relatos que pretenden demonizar a Israel o al pueblo judío.El antisemitismo siempre se ha adaptado a las distintas épocas de la historia.
En la actualidad, suele propagarse a través de la desinformación, las redes sociales, el activismo político y las instituciones internacionales. Por ello, la comunicación estratégica resulta fundamental; no para persuadir a la gente de adoptar una opinión determinada, sino para garantizar que tengan acceso a datos concretos, contexto e información digna de crédito.
En última instancia, considero que defender al pueblo judío, al Estado de Israel y los principios de las sociedades democráticas es algo que no solo sirve a los israelíes o a los judíos, sino a cualquiera que valore la verdad y la libertad.
¿Cómo describiría la vida cotidiana en Israel hoy en día?
En general, la vida cotidiana en Israel es de una normalidad sorprendente. La gente se despierta por la mañana, lleva a sus hijos a la escuela, va a trabajar, se reúne con amigos, sale a restaurantes, asiste a conciertos, celebra festividades y disfruta de la vida tal como lo hace cualquier persona en cualquier otra parte del mundo.
Por supuesto, Israel también afronta desafíos de seguridad extraordinarios, y los años transcurridos desde el 7 de octubre han sido particularmente arduos. Durante los periodos de conflicto, la rutina diaria inevitablemente se altera.
Sin embargo, una de las virtudes más admirables de la sociedad israelí es su resiliencia. Incluso en los momentos más difíciles, la vida continúa. La gente se adapta, se apoya mutuamente y sigue adelante. A muchos visitantes les sorprende descubrir que Israel es también un país sumamente seguro en términos de delincuencia común.
Más allá de la coyuntura de seguridad, la vida diaria aquí es mucho más cotidiana —y mucho más vibrante— de lo que muchos imaginan.
¿De qué manera los acontecimientos recientes han cambiado la vida de las familias israelíes del común?
El 7 de octubre transformó a la sociedad israelí de forma profunda. Al igual que cientos de miles de israelíes, he sido convocado al servicio de reserva repetidamente. Muchas personas han tenido que apartarse de sus familias y profesiones durante meses seguidos, regresar a casa y volver a ser convocadas poco después. Los ataques también obligaron a muchos israelíes a replantearse premisas arraigadas sobre la seguridad, nuestra región e incluso las perspectivas de paz.
Al mismo tiempo, este periodo sacó a la luz algo extraordinario de la sociedad israelí: fuimos testigos de un nivel inédito de solidaridad, resiliencia y responsabilidad compartida. Las comunidades se movilizaron casi de la noche a la mañana para apoyar a los soldados, a las familias desplazadas, a los civiles heridos y entre sí.
A pesar de la adversidad, los israelíes demostraron una entereza admirable. Esa sea, quizás, una de las lecciones más valiosas que deja este capítulo tan difícil.
¿Qué cree que el mundo suele malinterpretar sobre Israel?
Existen ideas erróneas sobre Israel que son promovidas deliberadamente por quienes buscan deslegitimar al país, proyectando a los israelíes como personas que buscan constantemente el conflicto o la violencia. Esas representaciones difieren abismalmente de la realidad. Sin embargo, muchas de estas confusiones responden simplemente al desconocimiento. Con frecuencia se imagina a Israel como un desierto habitado casi en su totalidad por judíos religiosos.
En realidad, Israel es una de las sociedades más diversas del planeta. Nuestra población incluye a judíos provenientes de todos los continentes, junto con comunidades musulmanas, cristianas, druzas y muchas otras.
Cerca de una cuarta parte de los ciudadanos israelíes no son judíos. El árabe se habla ampliamente y la diversidad del país se refleja en todo: desde su cultura y gastronomía hasta su política y vida pública. A muchos visitantes también les asombra descubrir lo moderno, innovador y dinámico que es Israel. Más allá de los titulares, descubren un país repleto de creatividad, emprendimiento, cultura, playas, vida nocturna y una trama social sumamente vital.
A pesar de los desafíos, ¿qué les da esperanza a los israelíes?
La esperanza está entretejida en la identidad misma de Israel. Nuestro himno nacional es Hatikvah —«La Esperanza»—, y no creo que sea una coincidencia. Los israelíes comprendemos que esta es nuestra patria ancestral: es donde comenzó nuestra historia, donde se desarrolló nuestra cultura y donde reconstruimos nuestra vida nacional tras siglos de exilio. Ese sentido de pertenencia engendra resiliencia.
Sin duda enfrentamos intensos debates internos y amenazas externas, pero bajo esas discrepancias subyace la convicción compartida de que este es nuestro hogar. Esa certeza le da al pueblo la fuerza para superar las adversidades y continuar construyendo el futuro.
¿Cómo logra mantener el equilibrio entre el trabajo, la familia y su vida personal?
En estos días, suelo bromear diciendo que ya no se trata de conciliar la vida laboral y la familiar, sino de equilibrar el trabajo, la familia y la guerra. Como muchos israelíes, llevo sobre mis hombros tres responsabilidades paralelas: mi familia, mi carrera profesional y mi servicio activo como soldado combatiente en la reserva. Armonizar esos tres mundos no es sencillo.
Hay sacrificios, interrupciones inesperadas y momentos difíciles para todos los involucrados. Lo que lo hace posible es contar con el respaldo de las personas que te rodean, mantenerse enfocado en lo verdaderamente esencial y aceptar que, a veces, las circunstancias exigen flexibilidad. Confiemos en que llegará el día en que la componente de la «guerra» desaparezca y la conversación vuelva a girar en torno a algo mucho más simple: el equilibrio entre el trabajo y la vida personal.¿
Ha visitado América Latina anteriormente? Si es así, ¿cuáles fueron sus impresiones?
Lamentablemente, aún no he tenido la oportunidad de visitar América Latina, aunque es una región que he deseado explorar durante años. He viajado extensamente por Europa, Oriente Medio y Asia, pero Centroamérica y Sudamérica siguen siendo una asignatura pendiente en mi lista. Aun así, he seguido de cerca los acontecimientos de la región, tanto en lo profesional como en lo personal, y siempre me ha atraído su riqueza histórica, cultural y humana. Espero que esa realidad cambie muy pronto.
¿Qué es lo que más le interesa de Guatemala y de América Latina?
Mi interés por América Latina es tanto personal como profesional. En el plano profesional, me vinculé estrechamente a la región a través de mis investigaciones. En 2018, junto a aliados en diversos países latinoamericanos, lideré un proyecto que examinó las organizaciones que promueven campañas de boicot contra Israel y narrativas antisemitas en la región.
Ese trabajo me brindó una comprensión mucho más profunda del panorama político y social de América Latina. En el ámbito personal, siempre he admirado la cultura, la historia y la calidez de su gente. Tengo amigos que han viajado allí, otros que residen en la región, y he escuchado innumerables relatos sobre su hospitalidad. Guatemala, en particular, siempre ha destacado para mí debido a la histórica relación de amistad entre nuestros países.
¿Por qué considera importante fortalecer el vínculo entre Israel y América Latina?
Creo firmemente que las relaciones significativas se construyen sobre la base del diálogo y no de la coincidencia absoluta. Israel no necesita estar de acuerdo con cada país en todos los temas, del mismo modo que dos amigos no coinciden en todo. Las diferencias de opinión son saludables: estimulan el debate, el aprendizaje y el respeto mutuo. Lo fundamental es que continuemos conociéndonos. Israel tiene mucho que aprender del pueblo de Guatemala y de América Latina, y considero que nosotros también poseemos experiencias y conocimientos valiosos para compartir.
Las relaciones sólidas benefician a ambas partes, no solo en lo político, sino también en los ámbitos cultural, académico, económico y personal.
¿Qué rol pueden desempeñar las universidades, las iglesias, los líderes empresariales y la sociedad civil para promover el entendimiento y combatir el antisemitismo?
Estas instituciones son las encargadas de forjar el futuro. Las universidades forman a los líderes del mañana; las iglesias ofrecen orientación moral; las empresas influyen en la sociedad mediante la innovación y el liderazgo económico; las organizaciones de la sociedad civil moldean el discurso público. Juntas, ejercen una enorme influencia en la manera en que las personas perciben el mundo. En una era en la que la desinformación se propaga con mayor rapidez que los hechos, estas instituciones tienen una responsabilidad ineludible. Pueden fomentar el pensamiento crítico, promover un diálogo honesto y ayudar a comprender que el antisemitismo no es un asunto que atañe únicamente a los judíos, sino una señal de alerta para cualquier sociedad democrática. La historia ha demostrado que el antisemitismo nunca se detiene en los judíos: termina amenazando las libertades y los valores de las sociedades que lo dejan prosperar.Entendemos que está abierto a visitar Guatemala, Centroamérica y Sudamérica.
¿Qué es lo que más le entusiasma ante la posibilidad de dirigirse a audiencias de toda la región?
Uno de los mayores privilegios de mi labor ha sido la oportunidad de conocer a personas de diversas culturas y orígenes. A lo largo de los años he impartido cientos de conferencias alrededor del mundo, y cada auditorio me enseña algo nuevo.
También he compartido con delegaciones de América Latina que han visitado Israel, y esas conversaciones me dejaron una huella perdurable. Lo que más me motiva es la oportunidad de escuchar tanto como de hablar. Cada país tiene sus propias vivencias, retos y perspectivas. Comprender esas diferencias me permite adaptar mi mensaje para que resulte cercano y significativo.
¿Qué temas le apasiona más compartir durante sus conferencias?
Oriente Medio ocupa, por supuesto, un lugar central en mis intervenciones, dado que gran parte de lo que la gente cree saber sobre la región está moldeado por los titulares y no por la realidad factual. Asimismo, expongo ampliamente sobre el antisemitismo contemporáneo, la comunicación estratégica, la guerra de la información y la creciente influencia de las ONG y la sociedad civil en la política internacional.
Por último, comparto mis propias vivencias; no porque mi historia sea excepcional, sino porque las experiencias personales suelen ayudar a comprender cuestiones complejas de un modo más humano y cercano. Los datos son fundamentales, pero las historias son las que permiten conectar con esos datos
.¿Qué impacto esperaría dejar en las personas que asistan a sus presentaciones?
Mi propósito no es persuadir a la gente para que piense exactamente como yo. Más bien, espero que se lleven una mejor comprensión de la complejidad de estos temas, una mayor curiosidad por profundizar y la determinación para cuestionar los relatos simplistas.
Si alguien se retira formulando mejores preguntas, examinando la información de manera más crítica y reflexionando con mayor ecuanimidad sobre Oriente Medio, considero que mi trabajo ha sido un éxito. El conocimiento debe empoderar a las personas para pensar de forma autónoma.A lo largo de la historia, los cristianos de todo el mundo han mantenido un interés especial por Israel.
Desde su perspectiva, ¿por qué es importante fortalecer hoy la relación entre Israel y las comunidades cristianas?
El vínculo entre el cristianismo y el judaísmo es tanto histórico como profundo. Nuestra historia compartida, nuestros valores comunes y nuestras Sagradas Escrituras crean una conexión milenaria. En el corazón del sionismo reside el reconocimiento del derecho del pueblo judío a la autodeterminación en su patria ancestral. Para los cristianos, la Tierra de Israel posee asimismo un profundo significado espiritual.Lamentablemente, en las últimas décadas hemos observado esfuerzos deliberados por parte de activistas antiisraelíes para debilitar ese lazo histórico. En algunos casos, se han manipulado argumentos teológicos para sembrar división allí donde tradicionalmente ha existido fraternidad. En una época en que muchos de los valores compartidos por judíos y cristianos son cuestionados cada vez más, considero más crucial que nunca estrechar nuestros lazos, profundizar en el conocimiento mutuo y continuar trabajando unidos.Muchas iglesias desean comprender mejor la realidad de Israel más allá de los titulares.
En su opinión, ¿qué rol pueden desempeñar las organizaciones cristianas en la promoción de la verdad, el diálogo y el entendimiento?
Las organizaciones cristianas pueden desempeñar un papel extraordinario mediante la simple promoción de la educación, el diálogo y la experiencia directa. Cuanto más aprenda la gente directamente de fuentes fidedignas, visite Israel, plantee preguntas y conozca diversas perspectivas, menor será la probabilidad de que se deje influenciar por la desinformación o por relatos ideológicos. Las iglesias pueden propiciar espacios donde las personas se sientan cómodas formulando preguntas difíciles, escuchando distintos puntos de vista y desarrollando una visión más matizada de Israel y del contexto de Oriente Medio.
¿Cuáles son las ideas erróneas sobre Israel que encuentra con mayor frecuencia al hablar con audiencias cristianas en todo el mundo?La respuesta varía según el país, la denominación y el público. Muchos cristianos que nunca han visitado Israel sienten una curiosidad natural por las comunidades cristianas que residen aquí, los lugares santos y las relaciones entre judíos, cristianos y musulmanes. En mi experiencia, la mayoría de esas inquietudes no surgen de la hostilidad, sino de una auténtica curiosidad.Muchos líderes cristianos desean educar a sus congregaciones sobre Israel, el antisemitismo y el contexto geopolítico actual. ¿Por qué considera que estas conversaciones son importantes para la Iglesia de hoy?Considero que todo líder tiene la responsabilidad de ayudar a su comunidad a comprender el mundo en el que vive. Ya sea que se dirija una iglesia, una institución educativa, una empresa o una comunidad, las personas buscan en sus líderes no solo orientación, sino también criterio y perspectiva. Eso exige brindar contexto, propiciar debates reflexivos y ofrecer herramientas para pensar con sentido crítico. En la actualidad, muchas personas forman sus criterios a través de titulares, redes sociales o videos breves que rara vez reflejan el panorama completo. De ahí la importancia de estas conversaciones: permiten ir más allá de los eslóganes y captar la complejidad tras los acontecimientos. El objetivo no es decirle a la gente qué pensar, sino ayudarla a analizar con mayor detenimiento, a formular mejores preguntas y a buscar la verdad.Como alguien que ha servido en las Fuerzas de Defensa de Israel y que ahora trabaja en investigación y comunicación estratégica, ¿qué perspectiva única considera que puede ofrecer a las audiencias cristianas?Creo aportar dos perspectivas que se complementan mutuamente. La primera proviene de la vivencia personal: he servido en combate, he participado en múltiples conflictos armados y he presenciado de primera mano la realidad con la que la mayoría de la gente solo se topa a través de los noticieros. He conocido el rostro humano del conflicto: las decisiones difíciles, la incertidumbre y la enorme responsabilidad que entraña velar por la seguridad de otros. La segunda surge de mi labor profesional: me dedico al estudio de las relaciones internacionales, la sociedad civil, la comunicación estratégica y el papel que desempeñan las ONG en la conformación de la opinión pública global. Mi trabajo me permite distanciarme de la coyuntura para examinar las dinámicas políticas, sociales e informativas más amplias que inciden en cómo se perciben los conflictos. En conjunto, estas vivencias me permiten enlazar la realidad sobre el terreno con el debate internacional. Considero que las audiencias se enriquecen al escuchar ambas dimensiones.¿Qué pueden aportar los pastores, educadores cristianos y líderes de ministerios al escuchar el testimonio de primera mano de un israelí que ha experimentado tanto el servicio militar como el campo de batalla de la información actual?El liderazgo comienza con la comprensión. Cuanto más informados estén los líderes, mejor preparados estarán para orientar a sus comunidades a través de temas complejos y a menudo controvertidos. Escuchar un testimonio de primera mano aporta algo que ni los artículos, ni las redes sociales, ni la televisión pueden transmitir: ofrece contexto, vivencia personal y la oportunidad de formular preguntas de manera directa. Cuando los líderes comprenden la complejidad de Israel, de Oriente Medio y del antisemitismo moderno, se hallan mejor capacitados para educar a otros con sabiduría, equilibrio y solvencia.Si una organización cristiana estuviera considerando recibirlo para una conferencia, ¿qué le gustaría que los participantes se llevaran de esa experiencia?Por encima de todo, espero que los participantes se lleven conocimiento. Confío en que adquieran una comprensión más profunda sobre Israel, escuchen relatos que sitúen la actualidad en un contexto humano y obtengan herramientas prácticas para interpretar con mayor criterio lo que ven en las noticias. Sobre todo, espero que salgan motivados a continuar aprendiendo. Ninguna conferencia puede resolver todas las dudas, pero sí puede inspirar a las personas a seguir cuestionando y buscando información fidedigna.¿Qué mensaje de esperanza le gustaría dejar especialmente a los pastores, líderes cristianos e iglesias de toda América Latina?Mi mensaje es sencillo: estamos con ustedes. La amistad no exige coincidencia absoluta; las relaciones sanas acogen conversaciones honestas, desacuerdos respetuosos y aprendizaje mutuo. Lo trascendental es que sigamos caminando juntos, fortaleciendo el vínculo entre Israel, el pueblo judío y las comunidades cristianas de toda América Latina. Estoy convencido de que estas relaciones cobrarán aún mayor relevancia en los años venideros, y espero contribuir a consolidarlas en todo lo que esté a mi alcance.Mensaje final¿Por qué cree que su historia personal —desde los orígenes de su familia y su servicio en las Fuerzas de Defensa de Israel hasta su trabajo actual en comunicación estratégica— puede ayudar a las audiencias cristianas a comprender mejor a Israel e inspirarlas a convertirse en embajadoras de la verdad, la paz y unas relaciones más sólidas entre Israel y América Latina?No considero que mi historia trate sobre mí; la veo como una ventana hacia la historia del Israel moderno. A través de un recorrido personal —desde ser hijo de inmigrantes judíos iraníes, pasar por el servicio militar, hasta la investigación académica y la proyección internacional— es posible comprender mejor los desafíos, los valores y las aspiraciones que moldean a la sociedad israelí en la actualidad. Si mis vivencias ayudan a que las personas comprendan mejor a Israel, analicen con mayor sentido crítico lo que escuchan o se sientan inspiradas a ser líderes ecuánimes y embajadores de la verdad, habré alcanzado algo significativo. Espero también que mi testimonio demuestre que el liderazgo no comienza con títulos ni cargos; empieza con la disposición a servir, a seguir aprendiendo y a asumir responsabilidades. A fin de cuentas, soy simplemente alguien que creció en Ascalón y siguió el camino del servicio. Si ese trayecto motiva a otros a marcar una diferencia positiva en sus propias comunidades, entonces es una historia que vale la pena compartir.¿Qué mensaje le gustaría dejar a los lectores del Periódico La Palabra, especialmente a los pueblos de Guatemala, Centroamérica y Sudamérica?A los lectores del Periódico La Palabra, deseo expresarles mi más sincero agradecimiento por su interés en Israel y por dedicar su tiempo a leer esta entrevista. Aunque nos separan miles de kilómetros, estoy convencido de que compartimos muchos de los mismos valores: la fe, la familia, la comunidad, la libertad y la esperanza. Anhelo visitar pronto Guatemala y otros países latinoamericanos, conocerles en persona, aprender de sus comunidades y dar continuidad a este diálogo de cara a cara. Hasta entonces, sepan que cuentan con muchos amigos aquí en Israel.

