Hay una narración muy hermosa en el evangelio de Lucas donde se nos presenta la angustia, la necesidad y la desesperación de un padre que amaba a Dios y que era el jefe de la sinagoga. Su nombre era Jairo. Aun con todos sus cargos y responsabilidades, tuvo el tiempo necesario para acercarse a Jesús a pedir su ayuda y socorro por la enfermedad de su hijita. Algo especial es que él supo a dónde recurrir para recibir ayuda.

Doctora en Ministerios Pastorales | Pastora de Fraternidad Cristiana de Guatemala
Impresiona ver a este hombre que corrió hacia Jesús, se postró delante de Él con humildad y sencillez, y de la manera correcta le suplicó que fuera a su casa. A él se le olvidó su posición económica y social, y se acercó al poderoso Jesús con fe. Y recibe las palabras alentadoras de Jesús: «No tengas miedo; cree nada más, y ella será sanada». Entonces, con autoridad, Jesús toma la mano de la niña y le dice: «¡Niña, levántate!», y al instante recobró la vida y comió.
Querido papá: su hijo necesita seguridad, fe y esperanza; necesita ser aceptado, instruido y enseñado con amor para que el miedo, el temor, la falta de comunicación, la inseguridad y la desconfianza no destruyan sus emociones y su personalidad. Usted puede hacer lo mismo que Jairo: puede correr a Jesús y confiar en que de Él recibirá la ayuda que necesita porque, más que las cosas materiales, sus hijos necesitan ser amados y queridos, oír palabras que marquen su vida para el éxito y para su vida espiritual y emocional. Usted puede hablarle a su hijo y decirle: “Tú puedes, eres importante, lo vas a lograr con la ayuda de Dios”.
Más que las cosas materiales, sus hijos necesitan ser amados y queridos, oír palabras que marquen su vida para el éxito.
Muchas veces somos papás toscos, bruscos o temperamentales a los que las caricias nos ofenden; tal vez crecimos sin afecto alguno, o sin papá o sin mamá, y la familia nos marcó de tal manera que nuestro corazón se llenó de duda, de tristeza y desesperanza. Pero usted corra a Jesús y reciba su misericordia y amor; déjese amar por Él y deje que lo abrace. Usted es una persona que vale mucho, Dios lo ama y lo acepta tal como es. Olvide lo que le lastimó y propóngase disfrutar del amor de Dios y recibir felicidad.

