La crisis humanitaria en Cuba continúa profundizándose y golpea con especial dureza a la población más vulnerable, entre ellas las comunidades cristianas del país. Escasez crónica de alimentos, apagones prolongados de hasta 20 horas diarias, falta de medicamentos y una vigilancia estatal constante marcan la rutina diaria de miles de cubanos.

Según la Lista Mundial de Vigilancia 2026, Cuba ocupa el puesto 24 entre los países donde los cristianos enfrentan mayor persecución.
“Le pedimos a Dios que tenga misericordia de nuestra nación. Le pedimos fortaleza para resistir”, relata Edgar*, pastor en una iglesia del interior del país. Su testimonio refleja el sentir de centenares de líderes religiosos que ven cómo sus congregaciones crecen en medio de la desesperación.
Una hambruna que supera al “Período Especial”
La escasez de alimentos es una de las manifestaciones más dramáticas de la crisis. Restricciones económicas, inflación descontrolada y fallos en el suministro energético han reducido drásticamente el acceso a productos básicos.
Según informes locales y el Observatorio Cubano de Derechos Humanos, la situación actual es considerada más grave que la vivida durante el “Período Especial” de los años 90.
“No tenemos nada que comer. Todo está carísimo. Los precios se han duplicado”, denuncia Edgar. En varias regiones, el pan solo se distribuye a niños y el sistema de racionamiento falla con frecuencia. Siete de cada diez cubanos no pueden costearse tres comidas al día, según datos del Observatorio. Ante este panorama, las iglesias se han convertido en uno de los pocos refugios donde las familias reciben algún tipo de ayuda, aunque los recursos sean extremadamente limitados.
La escasez también afecta a medicamentos y artículos de higiene. Cerca del 90% de los hogares cubanos viven en condiciones de pobreza o pobreza extrema, y muchas familias dependen casi exclusivamente de las remesas enviadas por familiares en el exterior.
Represión y vigilancia contra líderes y jóvenes cristianos
Paralelamente a la crisis humanitaria, la represión estatal se ha intensificado. En un solo mes reciente, el Observatorio Cubano de Derechos Humanos registró más de 200 actos represivos, que incluyen amenazas, acoso, detenciones arbitrarias y vigilancia constante.
Los jóvenes cristianos han sido especialmente blanco de las autoridades tras las protestas sociales recientes. Jonathan Muir, hijo del pastor Elier Muir Ávila, fue arrestado tras responder a una citación oficial y permanece bajo custodia acusado de “sabotaje”.
Casos similares se repiten con jóvenes creadores de contenido y activistas que expresan su fe o críticas en redes sociales. En varios incidentes se han registrado domicilios y confiscado teléfonos y computadoras.
“Recen por mí y por mi madre. La represión es constante y, sin comunicación, nos volvemos aún más vulnerables”, suplica una joven cristiana de 20 años.
