Por Pastor Luis Camarena.
Presidente Nacional de la Coalición Ministerial Cristiana de Guatemala
La pandemia presentó desafíos significativos para la Iglesia evangélica en todo el mundo. Sin embargo, en Guatemala fue una oportunidad que permitió fortalecer a la Iglesia y mostrar su resiliencia a través del trabajo en unidad
A pesar de las restricciones para las presenciales, la Iglesia pudo adaptarse rápidamente a las plataformas digitales para que su misión de predicar el Evangelio no se detuviera: servicios en línea, reuniones virtuales de oración y mensajes a través de redes sociales y correo electrónico fueron los canales para ejecutar su misión.
Más allá del sustento espiritual, la iglesia puso su mirada en el prójimo y entregó alimentos y asistencia económica a las familias que en la pandemia dejó sin trabajo y con pérdidas humanas.
La iglesia se reinventó
El común acuerdo de los directivos de todas las entidades representativas de la Iglesia logró superar un sin número de retos y desafíos que se presentaban diariamente ante el desafío mayor: la libertad de culto estaba en juego.
En unidad, las organizaciones realizaron múltiples acciones ante organismos del Estado para obtener la implementación de un salvoconducto que permitió a los pastores y capellanes de la iglesia evangélica la movilización sin restricciones, las 24 horas del día en todo el territorio nacional. Esto permitió a los pastores estar presente en las necesidades de su congregación.
Además, las diversas organizaciones de la iglesia crearon un protocolo de bioseguridad consensuado para promover paulatinamente la apertura de los servicios presenciales en los templos. Dicho protocolo fue el resultado de la unificación de criterios de las organizaciones que representan a la Iglesia y de la asesoría técnica de médicos, ingenieros químicos y sanitarios, abogados y pastores. Fue presentado ante las autoridades de la Coprecovid y el Ministerio de Salud Pública y Asistencia Social, que después de su revisión y corrección aceptaron como el parámetro de la bioseguridad que permitió la reapertura de los templos.
En resumen, la pandemia desafió a las iglesias evangélicas, pero también fue un tiempo que mostró el carácter del Cuerpo de Cristo, que no se cruzó de brazos para acercarse a su comunidad. Siendo la Iglesia Evangélica de Guatemala un actor social predominante se activó, se unió y propuso para que la gran comisión no se detuviera.
En este proceso se vio el liderazgo de la iglesia en todo el país, ese fortalecimiento nos dice que ¡no hay nada que la detenga para seguir ganando Guatemala para Cristo!