En el Reino Unido, la fe enfrenta una nueva amenaza. Una propuesta en el Ayuntamiento de Rushmoor, gobernado por el Partido Laborista, busca castigar con multas e incluso con hasta dos años de prisión a quienes compartan el Evangelio en espacios públicos. La razón: podrían causar «ofensa» o «angustia» a los transeúntes.

¿Prohibido hablar de Dios en público?
La medida pretende prohibir no solo la predicación, sino también el acto de orar por otros sin su consentimiento previo, repartir Biblias y hasta imponer las manos en oración, incluso con permiso. Argumentan quejas sobre ruido y perturbaciones del orden público, pero detrás de este discurso se esconde una peligrosa tendencia: la criminalización de la fe cristiana.
“Estoy siendo obediente a Dios”, afirmó un predicador que ha dedicado su vida a compartir el Evangelio en las calles de Inglaterra. Para él, prohibir la predicación es prohibir el derecho fundamental de compartir la esperanza y la verdad que transforman vidas.
La respuesta de los cristianos: resistencia y fe
Ante este ataque a la libertad religiosa, los cristianos no están dispuestos a callar. Con el respaldo del Centro Legal Cristiano (CLC), han logrado detener temporalmente la orden, calificándola de «desproporcionada e ilegal». Andrea Williams, directora ejecutiva del CLC, advirtió que lucharán hasta el final para evitar que la fe sea silenciada.
Mientras tanto, la comunidad cristiana se ha unido en oración y movilización. «Desde que nos enteramos de esta amenaza, cristianos de todo el Reino Unido han mostrado su apoyo. Esto nos fortalece. No podemos permitir que el Evangelio sea criminalizado», expresó uno de los líderes cristianos.

El Evangelio bajo ataque: un patrón preocupante
Esta no es la primera vez que los predicadores cristianos enfrentan obstáculos legales. En Londres, la policía ha utilizado órdenes similares para amenazar con arrestos a quienes comparten su fe. En 2017, dos evangelistas en Bristol fueron multados por predicar, aunque luego lograron revertir la decisión.
Cada vez es más evidente un esfuerzo por acallar la voz de los cristianos en el espacio público. Sin embargo, la historia demuestra que la fe no se doblega ante la persecución. Al contrario, se fortalece.
La batalla aún no termina
Las autoridades de Rushmoor argumentan que las medidas buscan proteger a la comunidad de mensajes ofensivos, pero los cristianos sostienen que esto es un pretexto para restringir la libertad de expresión religiosa. ¿Hasta dónde llegará esta persecución? ¿Será este el inicio de una prohibición total de la predicación cristiana en Reino Unido?
Lo cierto es que, pase lo que pase, los creyentes continúan firmes en su misión. Como bien dijo un predicador: “El Evangelio no es mío, es de Dios, y mi llamado es compartirlo. No importa el costo”.
