Los cambios no se harán esperar, pero es un panorama que debemos observar con calma
Durante más de veinte años, el chavismo ha sido como ese vecino problemático que no solo destroza su propia casa, sino que además convierte el barrio entero en un lugar más peligroso, algo muy conocido por nuestros hermanos israelíes. Ante su captura por los Estados Unidos, ¿Qué le espera a nuestra región?

El Efecto Dominó: Cuando Cae una Ficha Clave
Piensa en Maduro como una pieza clave en un juego de dominó. Su régimen no solo ha arruinado Venezuela, también ha servido como punto de encuentro para todo tipo de personajes cuestionables: desde dictadores de otros países hasta redes de crimen organizado, e incluso gobiernos que buscan acabar con los las sociedades que se basan en los valores judeo-cristianos, como el de Irán.
Venezuela se ha convertido en algo así como la “embajada no oficial” de Irán en América Latina. El gobierno iraní ha usado a Venezuela como su puerta de entrada para meter las manos en nuestro continente. Hablamos de vuelos misteriosos entre Teherán y Caracas, asesores iraníes trabajando en instituciones venezolanas, medios de comunicación iraníes con base en Venezuela y toda una red de actividades turbias que operan lejos de los ojos del mundo.
¿Por qué debería importarnos? Porque Irán no viene a traer flores y chocolates. Viene con una agenda que incluye apoyar grupos terroristas como Hezbollah, a las maras y el narcotráfico y a establecer redes que podrían usarse para atacar intereses occidentales en nuestra propia región. Sin Maduro, esa puerta se cerraría de golpe, al menos temporalmente.

Cuando el Odio Se Vuelve Política de Estado
Aquí viene una parte que me duele personalmente: el régimen de Maduro no solo ha sido un desastre económico, también ha promovido activamente el odio contra judíos e Israel. Y no estamos hablando de críticas políticas normales, sino de algo mucho más peligroso.
Desde 2009, Venezuela rompió relaciones con Israel y comenzó una campaña de demonización sistemática. Maduro y su gente no pierden oportunidad para atacar a Israel, comparar el sionismo con el nazismo y promover teorías conspirativas antisemitas que parecían sacadas de los años más oscuros de la historia.
¿El resultado? La comunidad judía de Venezuela, que llegó a tener más de 20,000 personas, ha tenido que huir del país. Sinagogas allanadas, líderes comunitarios amenazados, un ambiente donde ser judío se volvió peligroso. Familias enteras tuvieron que abandonar el país donde nacieron, crecieron y construyeron sus vidas. Incluyéndome a mi y mi familia.
¿Por qué Maduro hace esto? Por varias razones: quedar bien con Irán y grupos terroristas, crear enemigos externos para distraer de los problemas internos, y posarse como “líder antiimperialista” ante el mundo. Todo un show montado sobre el sufrimiento de personas inocentes.
El Problema Iraní No Desaparece Solo
Pero no nos hagamos ilusiones: aunque caiga Maduro, no todo será color de rosa. Irán ha invertido mucho tiempo y dinero en construir redes en Venezuela y otros países latinoamericanos. Estas redes son como las raíces de un árbol: no porque cortes el tronco significa que desaparecen.
Un nuevo gobierno venezolano tendría la difícil tarea de identificar y desmantelar toda esta infraestructura iraní: cuentas bancarias secretas, células de espionaje, posibles depósitos de armas, sistemas de comunicación ocultos. Es un trabajo de detective a gran escala que necesitará ayuda internacional.
Además, Irán no se va a dar por vencido fácilmente. Intentará mantener su influencia en la región a través de otros países. Ciertos grupos políticos en otros lugares podrían convertirse en los nuevos objetivos de inversión iraní. Por eso es crucial que todos los países de la región estemos atentos y trabajemos juntos.
¿Y Ahora Qué?
No nos engañemos: reconstruir Venezuela va a ser un trabajo monumental. Maduro, y Chávez antes que él, destruyeron sistemáticamente todo lo que funcionaba en ese país. Las instituciones están en ruinas, los recursos fueron saqueados, y crearon estructuras de poder ligadas al crimen organizado que no van a desaparecer de la noche a la mañana.
Pero aquí está la cosa: Venezuela tiene todo para ser un país exitoso. Tiene las reservas de petróleo más grandes del planeta, recursos minerales por montones, gente talentosa (aunque muchos tuvieron que irse), y una ubicación geográfica estratégica. Con el liderazgo correcto y apoyo internacional, Venezuela podría volver a ser el país próspero que alguna vez fue.
Una Oportunidad Histórica con Israel
Aquí viene algo emocionante: la caída de Maduro podría abrir la puerta para que Venezuela normalice relaciones con Israel. Piénsalo: Israel tiene muchísimo que ofrecer a un país que necesita reconstruirse desde cero.
Israel es líder mundial en tecnología agrícola (hacen florecer desiertos), manejo del agua, innovación tecnológica, educación y salud. Todo esto es exactamente lo que Venezuela va a necesitar. Además, hay miles de venezolanos judíos viviendo en Israel que estarían encantados de ayudar a reconstruir su país natal. Hablan español, conocen la cultura, y tienen las conexiones y el conocimiento para hacer las cosas funcionar.
Para el resto de América Latina, una Venezuela que tenga buenas relaciones con Israel podría inspirar a otros países a repensar sus propias posturas. Históricamente, muchos países latinoamericanos han mantenido posiciones complicadas con Israel más por ideología que por intereses reales. Una Venezuela democrática que se beneficie de la cooperación con Israel podría cambiar esa narrativa.
Lecciones para Nuestra Casa
Para nosotros en Guatemala, la historia venezolana es una lección poderosa. Nos muestra cómo un país rico, con recursos naturales increíbles, puede destruirse cuando se debilitan las instituciones democráticas, se concentra demasiado poder y se hacen alianzas con los actores equivocados.
Tenemos que estar atentos a cualquier intento de grupos afines al chavismo o influenciados por Irán de ganar terreno en Centroamérica. Eso significa vigilar de dónde viene el dinero para campañas políticas, estar al tanto de la presencia de redes sospechosas en nuestra región, y proteger nuestros procesos electorales.
Por otro lado, una Venezuela democrática sería un aliado natural para Guatemala. Tenemos mucho en común: compromiso con la democracia, relaciones positivas con Israel, economías de mercado. Podríamos trabajar juntos en temas como el combate al narcotráfico, la gestión de migraciones y el desarrollo económico.
El Final Feliz que Todos Queremos
La caída de Maduro no va a resolver todos los problemas de América Latina, pero sí abrirá puertas que han estado cerradas por demasiado tiempo. Una región sin el chavismo como fuente de desestabilización, sin la influencia iraní operando libremente, y sin un régimen que promueve el odio y el autoritarismo sería simplemente un mejor lugar para todos.
Imagina una Venezuela donde los jóvenes tengan futuro, donde no haya que hacer cola durante horas para comprar comida, donde la gente no tenga que huir de su propio país. Imagina una región latinoamericana donde podamos trabajar juntos en lugar de tener que lidiar con vecinos problemáticos. Imagina las oportunidades económicas, la cooperación en seguridad, el intercambio cultural.
Ese futuro es posible, pero no va a caer del cielo. Depende de las decisiones que tomemos hoy: apoyar la democracia, rechazar el autoritarismo, mantener la presión sobre regímenes como el de Maduro, y estar listos para ayudar cuando finalmente llegue el cambio.
Venezuela sin Maduro es más que un cambio de gobierno en un país. Es la oportunidad de toda una región para voltear la página y empezar un capítulo nuevo. Y todos tenemos un papel que jugar para que eso suceda.
Ilan López | Director de la Comunidad Judía de Guatemala

