Un pequeño rostro, una gran verdad: el testimonio que desafía al aborto

En un mundo que muchas veces niega la santidad de la vida desde el vientre, una madre de Missouri decidió alzar su voz no con gritos, sino con amor, verdad y fe. Su testimonio, nacido del dolor más profundo, se ha convertido en una luz que está guiando a otros a ver la vida como…

En un mundo que muchas veces niega la santidad de la vida desde el vientre, una madre de Missouri decidió alzar su voz no con gritos, sino con amor, verdad y fe. Su testimonio, nacido del dolor más profundo, se ha convertido en una luz que está guiando a otros a ver la vida como Dios la ve: sagrada desde el primer instante.

Sharran Sutherland, madre de once hijos, recibió en 2018 la noticia que ninguna madre desea oír: su bebé de 14 semanas había muerto en su vientre. Mientras el mundo le ofrecía rapidez, silencio y olvido —a través de un procedimiento clínico que habría destruido el cuerpo de su hijo—, ella eligió el camino del amor, la dignidad y la obediencia a Dios.

“Me dijeron que podían eliminar al bebé como residuo médico”, recuerda. “Pero yo sabía en mi corazón que ese no era un ‘producto’ ni un ‘feto’: era un hijo de Dios. Era mi hijo”.

Sharran pidió dar a luz a su hijo en lugar de someterse a un legrado. Fue una decisión guiada por el Espíritu Santo, aunque nadie en el hospital le había ofrecido esa opción. En oración, ella y su esposo Michael buscaron honrar la breve vida de su pequeño. Lo llamaron Miran, que significa paz, y esa paz fue la que Dios les dio en medio del quebranto.

Al tenerlo en brazos, Sharran quedó maravillada. “Tenía el rostro perfectamente formado. Era la viva imagen de su hermanito menor. No era una masa de células. Era un milagro de Dios”.

Movida por el Espíritu, compartió las fotos de Miran con el mundo, confiando en que el Señor usaría su historia para tocar corazones. Y así fue. Cientos de mujeres comenzaron a escribirle. Algunas, sanando heridas. Otras, buscando redención. Muchas más, decidiendo dar vida a sus hijos gracias al rostro de Miran, que hablaba más que mil palabras.

“Dios me mostró que el propósito de Miran no era vivir una larga vida, sino tocar muchas”, afirma Sharran. “Él fue usado como instrumento del cielo para revelar la verdad y el valor de cada vida en el vientre”.

Pero su camino no estuvo libre de oposición. Recibió burlas, ataques y palabras duras. Sin embargo, nunca estuvo sola. “Sentí claramente la protección de Dios. Cuando uno obedece, Él se encarga del resto. Lo que el enemigo quiso usar para mal, Dios lo transformó en bien”.

En lugar de enterrar a Miran en un cementerio, la familia decidió ponerlo en una maceta y plantar un árbol, para que la vida siguiera creciendo. “Ahora, cada vez que vemos ese árbol, recordamos que Dios hace nuevas todas las cosas”, dice.

Hoy, la historia de Miran sigue viajando por el mundo. No solo como una defensa poderosa de la vida, sino como un testimonio del amor de una madre que escuchó la voz de Dios en medio del dolor. Y obedeció.

“Jesús dijo: ‘Dejad que los niños vengan a mí’. Miran ya está con Él. Pero su vida aún habla aquí, en la Tierra. Habla por todos los que no tienen voz. Y su mensaje es claro: toda vida es un regalo de Dios”.

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