Nir Koren.
Rabino principal de la Comunidad judía de Guatemala.
El método bíblico para una educación efectiva
En la festividad de Pesaj, en la cual recordamos la salida de Egipto, el nacimiento del pueblo de Israel como tal. Una parte simbólica de la celebración incluye la mención de las 10 plagas con las que se castigara a los egipcios.
En el relato bíblico notamos que cada fue precedida por una suerte de representación realizada por Moisés y Aarón (hermano de Moisés y primer Sumo Sacerdote del pueblo de Israel). Primero, ambos anunciaban la catástrofe que se avecinaba, y luego, levantaban la vara sobre las aguas, golpeaban la tierra, arrojaban un puñado de polvo al cielo, etc. Solamente después de esta introducción casi teatral, la verdadera y devastadora plaga sucedía.
¿Cuál es el significado? Si el objetivo de las plagas era demostrar la superioridad del Todopoderoso no había necesidad de la vara, sobre todo, sabiendo que los egipcios, de cultura politeísta, probablemente atribuirían poderes sobrenaturales al bastón. Si las plagas sirvieron para enseñarle al Faraón que existe el Todopoderoso, hubiera sido preferible no utilizar elementos que poco tenían que ver con el origen de la plaga.
A fin de responder a estas interrogantes, es menester comprender el objetivo de las plagas. Los exégetas bíblicos sugieren que las plagas apuntaban a demostrar la falsedad de la idolatría egipcia. Cada plaga estaría deslegitimando a un dios egipcio en particular, demostrando que quien controlaba la naturaleza era solamente el Todopoderoso.
Para obtener una enseñanza aplicable a nuestra vida, propongo una respuesta diferente a la pregunta: ¿para qué todo el acto? El objetivo del relato y orden ceremonial del Pésaj (la pascua judía) es enseñar: “Y le transmitirás a tu hijo” (Deut. 6:7). Esto implica que también las plagas tuvieron como objetivo educar, mas no al Faraón ya que, por principio, una educación duradera no se adquiere por medio del castigo sino a través de la palabra y los estímulos positivos.
El objetivo de las plagas era educar al pueblo de Israel que estaba naciendo, proporcionarles las herramientas y enseñarles las normas básicas para vivir y forjar buenos educadores. La educación es un trabajo arduo y en ocasiones frustrante, ya que no se puede educar de un momento a otro, es necesario un proceso.
Cuando educamos debemos explicar por qué se da el castigo, eso puede aprenderse de las palabras de Moisés al Faraón: “Para que sepas que no hay como (…) nuestro Dios” (Éx. 8:10). Lo mismo determina la ley judía: no se castiga sin advertencia previa y sin explicar el motivo del castigo. El transgresor debe ser consciente de que la acción que está realizando tendrá una consecuencia, de otro modo no puede ser castigado. Y por eso la advertencia debe siempre preceder a la transgresión. De este modo no se castiga al Faraón sin antes advertirle, pues se está fijando un precedente y enseñándonos de manera práctica cómo debemos conducirnos. Además, la verdadera educación se logra por medio del ejemplo.
Por último, los símbolos visuales son esenciales para el entendimiento, por eso cada plaga fue precedida por una representación simbólica. Incluso la muerte de los primogénitos fue precedida por un símbolo: el marcado de las puertas con sangre. Para inculcar entendimiento es necesario servirse de los símbolos: el bastón, el polvo, la sangre. Todas estas acciones simbólicas conllevan significados y enseñan contenidos a la luz de los cuales el pueblo de Israel habrá de conducirse en el futuro.
Las plagas nos enseñan una lección importantísima sobre la esencia de la educación y cómo educar a un pueblo o a un niño. La educación es un proceso, y para que sea efectivo, debe seguir tres reglas básicas: primero, educar por medio de la palabra, segundo, hacerlo con el ejemplo personal y, por último, utilizar símbolos visuales. Esta matriz que se repite (advertencia de Moisés – pecado del Faraón: negativa a liberar al pueblo – símbolos visuales – plaga) presenta la clave para entender por qué el Todopoderoso pidió a Moisés que montara un show antes de cada plaga.