El bien contra el mal: la guerra de Israel contra el terrorismo y su impacto global

Ilan López. Director ejecutivo de la Comunidad judía de Guatemala  En un mundo marcado por la incertidumbre y la confrontación, la lucha entre el bien y el mal se manifiesta de manera brutal en la guerra de Israel contra el terrorismo. Esta no es solo una batalla territorial; es un enfrentamiento profundo y existencial entre…

Ilan López.

Director ejecutivo de la Comunidad judía de Guatemala

 En un mundo marcado por la incertidumbre y la confrontación, la lucha entre el bien y el mal se manifiesta de manera brutal en la guerra de Israel contra el terrorismo. Esta no es solo una batalla territorial; es un enfrentamiento profundo y existencial entre quienes valoran la vida, la libertad y la paz, y aquellos que buscan destruir estos principios fundamentales a través del odio y la violencia.

Los recientes ataques terroristas del 7 de octubre no solo golpearon a Israel, sino que resonaron en el corazón de todos aquellos que defienden la justicia y la dignidad humana en todo el mundo.

Israel, una nación nacida de los escombros del Holocausto y de siglos de persecución, ha sido desde su fundación un símbolo de resistencia y esperanza. El país ha enfrentado innumerables guerras, ataques y amenazas, pero cada vez se ha levantado con más fuerza, guiado por la convicción de que la vida y la libertad son valores no negociables.

La lucha de Israel contra el terrorismo es, por tanto, una batalla moral, una lucha por proteger a los inocentes y salvaguardar un futuro en el que el bien prevalezca sobre el mal.

El terrorismo no solo busca destruir físicamente, sino también quebrantar el espíritu, sembrar el miedo y desestabilizar los cimientos de sociedades libres. Los ataques recientes nos recordaron brutalmente lo que está en juego: familias desgarradas, comunidades devastadas y la constante amenaza de que la oscuridad pueda imponerse sobre la luz. Pero, como siempre, Israel ha respondido con determinación y coraje, reafirmando su compromiso de proteger a sus ciudadanos y defender sus fronteras.

La guerra de Israel contra el terrorismo no es solo una cuestión de seguridad nacional; es una defensa de los valores universales que sustentan a todas las democracias. Cuando Israel se defiende, no solo protege su soberanía; está en la primera línea de una batalla global contra el extremismo que amenaza a todas las naciones. Los actos de terror no conocen fronteras, y su ideología tóxica se extiende, inspirando violencia en todo el mundo. La lucha de Israel es, por tanto, un recordatorio de que el terrorismo no es solo enemigo de un país, sino un desafío para toda la humanidad.

Como enseñan nuestros sabios en Pirkei Avot, el tratado de los padres: “En un lugar donde no hay hombres, esfuérzate por ser un hombre” (Pirkei Avot 2:6). Esta lucha no se trata solo de fuerzas militares, sino de la batalla entre la luz y la oscuridad, entre la esperanza y la desesperación, entre quienes construyen y los que destruyen. Es un llamado a cada individuo a actuar con integridad y valentía frente a la adversidad.

En un tiempo en el que el bien y el mal se enfrentan en campos de batalla físicos y morales, cada uno de nosotros tiene un papel que jugar. Ya sea alzando nuestras voces contra la injusticia, apoyando a las víctimas o educando sobre la importancia de la libertad, contribuimos a la lucha por un mundo donde el bien prevalezca. La guerra de Israel contra el terrorismo nos afecta a todos, y es un recordatorio de que, en última instancia, la lucha por la justicia y la paz es un deber compartido por toda la humanidad.

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