En Guatemala la Iglesia evangélica ha desempeñado un papel crucial en la transformación social y espiritual del país. Desde su llegada en el siglo XIX ha crecido exponencialmente, alcanzando una presencia significativa en todas las regiones.
A partir de 2010 el número de evangélicos empezó a ser cada vez más notable. Varias encuestas posicionaron a los cristianos católicos y cristianos evangélicos en porcentajes similares.
Sin embargo, en diciembre de 2020, la religión predominante fue la evangélica, con 41.3%, seguida del catolicismo con el 41.2 %, según dio a conocer Latinobarómetro, organización especializada en investigaciones.
En 2023, la misma empresa revelaría que la religión evangélica alcanzó el 46.1%. Ubicando a Guatemala como el primer país con mayoría evangélica de América Latina.
Más allá de los números, ese crecimiento no solo refleja un avivamiento espiritual, sino también una respuesta a las necesidades profundas de la sociedad, significa que el cuerpo de Cristo ha sabido responder a los desafíos de la población, ofreciendo esperanza y apoyo a través de ministerios y denominaciones ubicadas en 250 municipios del país, tal como reveló la investigación de S0Y502, publicada en marzo de 2016. Desde 1957 a 2016, el ministerio de Gobernación registraba 2,790 iglesias.
Desde las iglesias históricas hasta congregaciones más contemporáneas, cada una aporta un matiz distinto al cuerpo de Cristo. Esta diversidad responde a las necesidades de las personas que buscan encontrarse con el Señor y lo que desde afuera puede verse como una fragmentación, es un testimonio de la riqueza del Evangelio que puede hablar de manera relevante a diferentes contextos.
La unidad de la Iglesia, entonces, se manifiesta en la capacidad para trabajar en pro de la gran comisión y en su capacidad de adaptarse a las necesidades y generaciones se fundamenta la diversidad.
Así es como se cumple lo que dice I Corintios 12:12-27 NTV «El cuerpo humano tiene muchas partes, pero las muchas partes forman un cuerpo entero. Lo mismo sucede con el cuerpo de Cristo».
De acuerdo con los pilares que dan vida a La Palabra: informar, unificara y edificar, esta edición destaca la labor que el Cuerpo de Cristo realiza a través de las organizaciones que lo conforman y que con frecuencia pasa desapercibida.
Exponiendo la esencia de las organizaciones que aglutina a la mayoría de los ministerios y denominaciones representadas en el país, deseamos que el pueblo cristiano comprenda el aporte que cada una realiza, se sienta respaldado y sobre todo representado.
Sin duda el recorrido ha tenido sus luces y sombras, pero no podemos pasar por alto que las organizaciones están precedidas por seres humanos que van en búsqueda de las huellas de Jesús.
Recordemos que la Iglesia es el Cuerpo de Cristo, por gracia infinita, y no depende de los errores humanos de quienes la componen, ya que Cristo mismo vino por los enfermos (Marcos 2:17) y eso muestra que Cristo es la cabeza. Quedémonos con el silencioso esfuerzo que miles de personas hacen para que nuestra nación siga siendo luz a las naciones.
Esta edición es un aporte para que podamos decir, aunque somos muchos y diferentes, en Cristo somos uno solo.