Por Luis Camarena
Ministro evangélico
¿Alguna vez ha escuchado la palabra “woke”? Originalmente, se utilizaba para describir a aquellos “despiertos” ante las injusticias sociales, especialmente el racismo. Sin embargo, su significado ha evolucionado para abarcar una amplia gama de causas progresistas, como la ideología de género, el lobby LGBTQ+ y la justicia social.
El wokismo se ha convertido en un totalitarismo ideológico, dictatorial y absurdo. Este fenómeno se ha transformado en una herramienta de represión que amenaza la libertad de expresión y la cohesión social. En lugar de fomentar un diálogo constructivo, a menudo recurre a la censura y la cancelación de quienes no se alinean con sus principios.
La socióloga francesa Nathalie Heinich lo definió como una forma de totalitarismo relacionado con el viejo comunismo. Es adoptado por los jóvenes con la idea de cambiar el mundo, pero a costa de la libertad y la democracia.
Uno de los aspectos más preocupantes del wokismo es su impacto en la libertad de expresión. Esta cultura impone una “policía del pensamiento” que censura a quienes no comparten sus puntos de vista y se manifiesta a través de la cultura de la cancelación, donde individuos y organizaciones son boicoteados y silenciados por expresar opiniones consideradas ofensivas o políticamente incorrectas. Este enfoque limita la libertad de expresión y crea un ambiente de miedo y autocensura, sofocando la diversidad de pensamiento y el debate abierto.
El wokismo ha sido criticado por polarizar la sociedad. Al centrarse excesivamente en las identidades y reivindicaciones de grupos minoritarios, el wokismo fomenta una dinámica de “nosotros contra ellos”, que obstaculiza el diálogo y la cooperación. Esta polarización afecta a la sociedad en general, y también impacta a las instituciones educativas, los medios de comunicación y las empresas, donde las políticas woke a menudo se imponen sin un debate adecuado.
La cultura woke destaca varios puntos negativos que representan una amenaza para la sociedad:
• Limitación de la libertad de expresión: restringe la libertad de expresión al censurar opiniones que no se alineen con su narrativa.
• Polarización social: fomenta la división y la polarización social, creando distancia entre grupos ideológicos.
• Victimización: promueve una mentalidad de víctima, donde las personas se consideran oprimidas sin buscar soluciones a sus problemas.
• Intolerancia a la divergencia de opinión: es intolerante hacia opiniones contrarias, llevando a la cancelación de quienes expresan puntos de vista diferentes.
• Degradación de la meritocracia: socava la meritocracia al priorizar la identidad sobre las competencias y logros individuales.
• Virtue signaling: a menudo cae en el “virtue signaling,” donde se hacen declaraciones morales más para aparentar que para generar un cambio real.
• Impacto negativo en la educación: influye negativamente en la educación, enfocando los currículos en temas de justicia social a expensas de la enseñanza tradicional.
• Manipulación del lenguaje: manipula el lenguaje, introduciendo términos y cambiando definiciones para encajar con su agenda.
• Censura y cancelación: promueve la censura de figuras públicas, académicos y obras de arte que no se ajustan a sus estándares.
• Parálisis del debate: paraliza el debate abierto, impidiendo discusiones constructivas sobre temas complejos y polarizantes.
Choque con el cristianismo
La cultura woke, con su énfasis en la corrección política y la mal llamada justicia social, entra en conflicto con los valores y principios cristianos tradicionales. Los cristianos que defienden sus creencias basadas en la Biblia son acusados de intolerancia y discriminación, lo que lleva a una creciente tensión entre la fe cristiana y las ideologías woke. Esta confrontación afecta tanto a los individuos como a las iglesias evangélicas y las comunidades religiosas que buscan mantener su libertad de expresión y práctica religiosa.
Muchos pastores y conferencistas en otras partes del mundo han sido censurados, acusados de promover un lenguaje ofensivo y discurso de odio. Por ello, han sido obligados a desautorizar sus sermones y ponencias.
En este contexto, Elon Musk habla de un “virus woke”, que es “la corrección política llevada al extremo, que atenta contra la libertad de expresión”.
La filosofía woke, con sus corrientes cambiantes y su lenguaje artificial, puede parecer un tsunami amenazante para la iglesia. Sin embargo, como dijo el teólogo José Hutter, debemos ser faros inamovibles en medio de la tormenta. Lejos de acobardarnos, esta ola pseudo-cultural nos presenta la oportunidad perfecta para alzar nuestras voces, proclamando la verdad del Evangelio con una audacia que haga temblar los cimientos de la confusión reinante.
En conclusión, el wokismo ha revelado aspectos negativos y totalitarios que amenazan la libertad de expresión y la cohesión social. La censura, la polarización y el conflicto con el cristianismo son solo algunos de los aspectos que representa este movimiento. Es fundamental que, como pueblo de Dios, defendamos nuestra libertad en Cristo y resistamos la tentación de arrodillarnos ante los ídolos erigidos por este mundo que cada día se corrompe más. Hagamos valer el artículo 35 de nuestra Carta Magna.