Unidos somos más fuertes

Por: Wendy García Hija de Dios. Feliz mamá de dos jóvenes damitas de 26 y 18 años. Digna mujer, trabajando en el propósito que Dios decidió para mí. Mercadóloga, MBA con especialización en finanzas; asesora de emprendimientos y proyectos creativos; fundadora de Economía Naranja en Agexport. Vivimos en tiempos donde expresar nuestra fe y nuestras…

Por: Wendy García

Hija de Dios. Feliz mamá de dos jóvenes damitas de 26 y 18 años. Digna mujer, trabajando en el propósito que Dios decidió para mí. Mercadóloga, MBA con especialización en finanzas; asesora de emprendimientos y proyectos creativos; fundadora de Economía Naranja en Agexport.

Vivimos en tiempos donde expresar nuestra fe y nuestras convicciones parece haberse convertido en una ofensa para algunos. Ser cristiano, defender la oración y hablar de los principios bíblicos que guían nuestra vida se ha vuelto un acto de valentía en un mundo que busca desacreditar y callar nuestras voces. Pero no podemos olvidar que la fuerza de la Iglesia siempre ha residido en su unidad. Cuando los creyentes se unen, no hay fuerza que pueda silenciar la verdad de Dios.

El reciente aumento de leyes y normas que intentan restringir la libertad religiosa, las burlas en los medios y la creciente presión social por mantener nuestra fe oculta son recordatorios constantes de que la batalla espiritual es real. Pero frente a estas adversidades, también tenemos un llamado claro: no retroceder. La Iglesia no está sola, y la oración no puede ser relegada a la clandestinidad. Unidos, somos más fuertes, y nuestra fe se convierte en un testimonio vivo que inspira y transforma.

Desde sus primeros días, la Iglesia ha sido objeto de persecución. En tiempos del imperio romano, se intentó eliminar toda mención de Cristo, pero los creyentes perseveraron, y el Evangelio se extendió como fuego. ¿Por qué? Porque la comunidad cristiana se mantuvo unida, orando, apoyándose y proclamando la verdad con valentía. Esa misma unidad es la que necesitamos hoy. No permitamos que las voces que intentan desacreditarnos nos hagan retroceder. Al contrario, cada obstáculo es una oportunidad para demostrar el poder de la oración y el amor de Dios en acción.

En lugar de ceder a la presión, es momento de que la Iglesia se levante con más fuerza. Las diferencias de denominación no deben separarnos cuando el propósito es el mismo: defender la libertad de adorar a Dios, de orar, de proclamar el Evangelio y de vivir según nuestras creencias.  Unidos, como cuerpo de Cristo, podemos derribar cualquier barrera que intente imponerse sobre nuestra libertad espiritual. Y no se trata de buscar confrontaciones; se trata de no ceder nuestra voz ante las injusticias.

Hay quienes quieren hacernos creer que la fe es un asunto que debe mantenerse en la esfera privada, pero no hay nada más poderoso que una Iglesia que ora junta, que defiende a sus hermanos, que se apoya y se edifica mutuamente. La oración es el arma más poderosa que tenemos, y ningún decreto podrá silenciarla. En Mateo 18:20 se nos recuerda: “Porque donde dos o tres se reúnen en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos.” Esa promesa sigue vigente hoy, y es por eso que, unidos en la fe, no nos moverán.

La Iglesia no quedará burlada ni se verá debilitada si nos unimos para defender nuestra libertad de orar, de congregarnos y de vivir conforme a los principios que hemos recibido. Al contrario, se fortalecerá y crecerá, porque la unidad es el reflejo del amor de Dios en nosotros. Es hora de que recordemos que somos la luz del mundo, y esa luz no puede ser apagada. Que cada uno de nosotros, desde nuestra trinchera, se convierta en defensor de la fe, con valentía, con amor y con la certeza de que Dios está de nuestro lado.

La unidad no es una idea, es nuestra fuerza. Unidos, somos más fuertes, y juntos, no hay nada que pueda detenernos.

es_ESSpanish