por Julio Calo
Locutor y publicista profesional, licenciado en ciencias de la comunicación, magíster en liderazgo organizacional, además posee estudios en Teología y producción musical y certificación en marketing digital. Autor de los libros Diario de un adorador y PreNoviazgo.
La llegada de diciembre era emocionante. Junto a mis hermanas, nos levantábamos temprano para ver el especial de caricaturas navideñas que un canal nacional transmitía. Muchos de estos animados tenían relación con la celebración del nacimiento del Mesías: “El Salvador del mundo vino”, decían, e ilustraban el cuadro narrado en el Evangelio de Mateo en su primer capítulo.
“…Un ángel del Señor se le apareció en un sueño. ‘José, hijo de David —le dijo el ángel—, no tengas miedo de recibir a María por esposa, porque el niño que lleva dentro de ella fue concebido por el Espíritu Santo. Y dará a luz un hijo, y llamarás su nombre JESÚS, porque él salvará a su pueblo de sus pecados’.” Mateo 1:20-21, NTV.
Los años han pasado, y ciertos sectores se han encargado de sacar a Jesús de la cultura, y no digamos de las narrativas de la Navidad. Hoy, la mayoría de los medios de comunicación no mencionan el Nombre de Jesús. Las películas de Hollywood, e incluso las caricaturas, enfocan la fiesta en algo humano y finito. La idea es quitarle relevancia al Nombre del Dios que se hizo hombre para traer redención.
Algunos cristianos pasan estas fechas desapercibidas: simplemente se suben a la ola comercial de la cultura. Otros no pierden la oportunidad para discutir y dejar claro que tienen la razón. Es cierto que Jesús no nació el 25 de diciembre; de hecho, no hay claridad sobre la fecha exacta de su nacimiento. Pero, ¿no crees que perdemos una gran oportunidad para recordar a la cultura el Nombre del único ser capaz de traer redención? Esto lo podríamos hacer de manera estratégica en una temporada en la que las personas buscan un mensaje de “paz, amor y esperanza”.
Así como lo hizo Pablo en Atenas (Hechos 17:16-34, PDT). Él no compartía la idolatría de los atenienses, pero su incomodidad no le impidió seguir hablando de Jesús y de la resurrección. Aprovechó el lugar y el momento para anunciar el Evangelio del Señor y lo hizo de una manera magistral:
“Al pasar por la ciudad, vi todos sus santuarios y hasta encontré un altar que tenía escrito: ‘Al Dios no conocido’. Yo les hablo de ese que ustedes adoran sin conocerlo.” (Hechos 17:23, PDT). El pasaje concluye: “Algunos creyeron lo que Pablo decía y lo siguieron” (verso 34).
No digo que debamos cumplir con todos los rituales para complacer a la cultura. Digo que esta temporada también es una perfecta oportunidad para levantar el Nombre de Cristo. No importa si nació en diciembre o en marzo, la Iglesia ha sido llamada para hacer famoso el Nombre de Jesús en todas las temporadas del año.
Sacar a Jesús de la cultura no es nuestra tarea. La nuestra es recordar a la cultura que aún hay esperanza en el Dios que se hizo hombre. Es nuestra decisión celebrar o no, pero es nuestro mandato anunciar el evangelio de salvación.
“Dios amó tanto al mundo que dio a su Hijo único para que todo el que crea en él no se pierda, sino que tenga vida eterna.” (Juan 3:16, PDT).