Liderazgo cristiano en tiempos de cambio

Noticias VR | A lo largo de la historia bíblica, Dios ha llamado a hombres y mujeres para guiar a su pueblo en distintas etapas y contextos. Cada uno enfrentó desafíos particulares, pruebas intensas y escenarios adversos.

A lo largo de la historia bíblica, Dios ha llamado a hombres y mujeres para guiar a su pueblo en distintas etapas y contextos. Cada uno enfrentó desafíos particulares, pruebas intensas y escenarios adversos. Sin embargo, todos compartieron rasgos esenciales que hoy, más que nunca, resultan indispensables para enfrentar los retos a los que la Iglesia es sometida en medio de un mundo en constante transformación.

La primera característica del liderazgo cristiano en nuestro tiempo es el encuentro genuino con Dios. No se trata únicamente de un conocimiento intelectual o teológico, sino de una experiencia profunda que transforma la mente y el corazón. Es en ese encuentro donde Dios cambia nuestras limitaciones por Su propósito. Moisés es un ejemplo claro: llamado en el desierto a liberar a su pueblo, se resistía debido a sus miedos y experiencias pasadas. Sin embargo, cuando fue lleno del poder de Dios, estuvo preparado para cumplir la misión asignada. El mejor líder no es el que mejor habla ni el que tiene mejor apariencia, sino aquel que depende plenamente de Dios.

La segunda característica fundamental es la obediencia. Una vez que Dios llama, el liderazgo cristiano debe responder fielmente a Su voz, aun cuando la cultura, la sociedad o la lógica humana indiquen lo contrario. La Palabra nos recuerda que en la obediencia se encuentra la victoria. El rey Josafat recibió una instrucción aparentemente ilógica: permanecer quietos y ver la salvación del Señor. Creerle a Dios implicaba exponerse a la burla o al fracaso humano, pero su obediencia trajo la manifestación del poder divino. No debemos temer obedecer, porque si Dios lo ha dicho, Él mismo respaldará Su palabra.

Vivimos tiempos de cambios acelerados en la tecnología, la cultura, la política y la educación. Sin embargo, la misión de la Iglesia permanece intacta: anunciar las buenas nuevas de salvación en Cristo Jesús. Dios sigue capacitando a Su Iglesia y levantando líderes para proclamar este mensaje eterno con relevancia y fidelidad.

Dios no levanta líderes para oprimir a su pueblo, sino siervos humildes que obedecen Su voz. Más que buscar privilegios, debemos anhelar servir, confiando en que la verdadera recompensa proviene del Señor. Así, cuando estemos delante de Él, podamos escuchar: “Bien, buen siervo y fiel… entra en el gozo de tu Señor” (Mt 25:21).

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