Jesús nació, la promesa se cumplió

Lic Jorge Erdmenger. Equipo pastora Fraternidad Cristiana de Guatemala. Dios, desde el Antiguo Testamento, prometió su amor eterno al pueblo de Israel. En Éxodo 34:6, después de que los israelitas habían adorado al becerro de oro y Dios estaba por castigarlos, Moisés pidió la misericordia de Dios para este pueblo. En este pasaje, Dios se…

Lic Jorge Erdmenger.

Equipo pastora Fraternidad Cristiana de Guatemala.

Dios, desde el Antiguo Testamento, prometió su amor eterno al pueblo de Israel. En Éxodo 34:6, después de que los israelitas habían adorado al becerro de oro y Dios estaba por castigarlos, Moisés pidió la misericordia de Dios para este pueblo. En este pasaje, Dios se presenta como un Dios perdonador, lento para la ira y grande en amor. La expresión “grande en amor” proviene del hebreo hesed, que realmente significa amor inquebrantable, amor que nunca deja de ser, misericordia.

Este gran amor aparece repetidas veces en diversos libros del Antiguo Testamento. David lo describe en varios salmos:

•   “Ten compasión de mí, oh, Dios, conforme a tu gran amor.” Salmo 51:1

•   “La bondad y el amor me seguirán todos los días de mi vida.” Salmo 23:6:

•   “Se ha acordado de su amor y de su fidelidad por el pueblo de Israel.” Salmo 98:3

En el Salmo 25 lo menciona varias veces:

•   “Acuérdate, Señor, de tu ternura y gran amor, que siempre me has mostrado.”

•   “Acuérdate de mí según tu gran amor, porque tú, Señor, eres bueno.”

•   “Todas las sendas del Señor son amor y verdad para quienes cumplen los preceptos de su pacto.”

En el Salmo 103 se expresa:

•   “Él rescata tu vida del sepulcro y te cubre de amor y compasión.”

•   “El Señor es clemente y compasivo, lento para la ira y grande en amor.”

•   “Tan grande es su amor por los que le temen como alto es el cielo sobre la tierra.”

•   “Pero el amor del Señor es eterno y siempre está con los que le temen.”

Estas y muchas otras citas nos hablan del amor eterno de Dios, prometido a Su pueblo, pero vemos el cumplimiento de esa promesa en el Nuevo Testamento, cuando Jesús nació. Lucas describe el cántico de María, que habla acerca del cumplimiento de esa promesa:

Lucas 1:46-55: “Entonces dijo María: Mi alma glorifica al Señor, y mi espíritu se regocija en Dios mi Salvador, porque se ha dignado fijarse en su humilde sierva. Desde ahora me llamarán dichosa todas las generaciones, porque el Poderoso ha hecho grandes cosas por mí. ¡Santo es su nombre! De generación en generación se extiende su misericordia a los que le temen. Hizo proezas con su brazo; desbarató las intrigas de los soberbios. De sus tronos derrocó a los poderosos, mientras que ha exaltado a los humildes. A los hambrientos los colmó de bienes, y a los ricos los despidió con las manos vacías. Acudió en ayuda de su siervo Israel y, cumpliendo su promesa a nuestros padres, mostró su misericordia a Abraham y a su descendencia para siempre.”

Dios extendió ese amor no solo al pueblo de Israel, sino también a los gentiles, a nosotros. Aquí se cumple la promesa: el amor inquebrantable de Dios nos alcanzó a todos.

Pero ¿Cómo respondemos a ese amor? Debemos amarlo, no para ganarnos su amor —porque eso no es posible—, sino como una respuesta al amor que Él nos dio. También debemos adorarlo, dándole toda la gloria. Además, es nuestro deber compartir con otros que aún no conocen Su amor que puede cambiar sus vidas.

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