Defender la vida en tiempos de confusión

Vivimos en una época en la que muchas verdades fundamentales están siendo cuestionadas. Lo que durante siglos fue considerado evidente —el valor sagrado de la vida humana— hoy se debate, se relativiza o incluso se descarta. En medio de esta confusión moral y cultural, los creyentes están llamados a levantar su voz con amor, firmeza…

Columna Invitada | María José Pérez – Líder Juvenil

Vivimos en una época en la que muchas verdades fundamentales están siendo cuestionadas. Lo que durante siglos fue considerado evidente —el valor sagrado de la vida humana— hoy se debate, se relativiza o incluso se descarta. En medio de esta confusión moral y cultural, los creyentes están llamados a levantar su voz con amor, firmeza y fundamento bíblico para defender la vida como un don de Dios.

La Biblia establece desde el principio el valor incomparable de cada ser humano. En Génesis 1:27 se afirma: “Y creó Dios al hombre a su imagen; a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó.” Esto significa que la vida humana posee una dignidad única, porque refleja al Creador mismo. Atentar contra la vida no es solamente un acto contra una persona, sino también una ofensa contra Aquel que la creó.

La Escritura también enseña que Dios conoce y forma la vida desde el vientre materno. El salmista declara en Salmos 139:13-14: “Porque tú formaste mis entrañas; tú me hiciste en el vientre de mi madre. Te alabaré; porque formidables, maravillosas son tus obras.” Esta verdad revela que la vida no comienza por decisión humana, sino por la obra soberana de Dios. Cada vida, aun antes de nacer, tiene propósito, valor y dignidad delante de Él.

En tiempos de confusión, muchos intentan redefinir lo que es correcto o incorrecto. Sin embargo, la Palabra de Dios permanece firme y eterna. Isaías 5:20 advierte con claridad: “¡Ay de los que a lo malo dicen bueno, y a lo bueno malo!” Este pasaje describe el peligro de una sociedad que pierde su brújula moral y que, al apartarse de la verdad, comienza a justificar aquello que destruye la vida y la dignidad humana.

Jesús mismo mostró un profundo amor por la vida humana. En Juan 10:10 dijo: “Yo he venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia.” El corazón del Evangelio es precisamente la vida: vida restaurada, vida protegida y vida dignificada por la gracia de Dios.

Por ello, defender la vida en nuestros días implica más que pronunciar discursos; significa vivir conforme a la verdad, proteger al vulnerable, acompañar al necesitado y proclamar que toda vida tiene valor porque proviene de Dios. En medio de la confusión del mundo, la iglesia está llamada a ser luz y sal, recordando que donde Dios crea vida, también hay propósito, esperanza y redención.

Defender la vida es, en última instancia, defender el diseño y el corazón de Dios. Y en tiempos de oscuridad, esa defensa se convierte en un testimonio de fe, amor y verdad que puede transformar a toda una sociedad.

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