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Arévalo toca fondo regional y Guatemala queda expuesta

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Guatemala vuelve a quedar en el último lugar de una clasificación presidencial latinoamericana, una posición que golpea la imagen internacional del país y refleja el profundo desgaste que enfrenta el gobierno de Bernardo Arévalo. El mandatario registra apenas 31 % de valoración positiva frente a 63.1 % de imagen negativa, según el ranking de octubre de 2026 elaborado por CB Global Data.

La medición, realizada del 5 al 8 de octubre en 18 países de América Latina, coloca a Arévalo en la última posición entre los mandatarios evaluados, incluso por debajo de la presidenta encargada de Venezuela, Delcy Rodríguez, quien alcanza 32.3 % de imagen favorable. El resultado deja a Guatemala en una situación incómoda frente a países cuyos gobernantes mantienen niveles de aceptación considerablemente superiores.

La diferencia con los primeros lugares resulta contundente. Claudia Sheinbaum, presidenta de México, encabeza la clasificación con 69.3 % de imagen positiva, seguida por Nayib Bukele, de El Salvador, con 68.3 %. Arévalo queda a 38.3 puntos porcentuales de Sheinbaum, una brecha que evidencia el contraste entre la percepción ciudadana de los distintos gobiernos.

Detrás de estas cifras existe un problema que no puede reducirse a una disputa de popularidad. La seguridad pública, la capacidad de respuesta estatal y el cumplimiento de las expectativas ciudadanas son asuntos centrales para cualquier administración. En Guatemala, la persistencia de la preocupación por la violencia y la delincuencia aumenta la presión sobre el Ejecutivo y pone a prueba su capacidad para demostrar resultados concretos.

La imagen presidencial también se deteriora cuando las promesas de cambio no se traducen en mejoras que la población pueda reconocer en su vida cotidiana. Un discurso centrado en la transformación institucional pierde fuerza cuando los ciudadanos siguen esperando respuestas sobre los problemas que afectan sus comunidades. El desgaste, en ese contexto, no se resuelve únicamente con conferencias de prensa ni con explicaciones políticas.

El sondeo fue elaborado por CB Global Data, una firma de investigación y análisis de opinión pública cuyo director general es Cristian Buttié. La medición incluyó personas mayores de 18 años, con muestras de entre 1,959 y 3,911 participantes por país, un nivel de confianza del 95 % y márgenes de error reportados de entre ±1.6 y ±2.2 puntos porcentuales.

Estos datos deben interpretarse con precisión: el ranking mide imagen presidencial y no constituye, por sí solo, una auditoría integral de la gestión gubernamental. Sin embargo, el resultado representa una señal política que el Gobierno difícilmente puede ignorar, especialmente porque la valoración negativa supera ampliamente a la positiva.

El problema trasciende la imagen personal de Arévalo. Cuando el presidente de Guatemala aparece en el último puesto regional, la percepción de su liderazgo se convierte también en un elemento de exposición para el país. La pregunta que queda pendiente es si el Ejecutivo logrará transformar las expectativas ciudadanas en resultados verificables o si continuará acumulando desgaste mientras la población exige respuestas en seguridad, gobernabilidad y servicios públicos.

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