En 1969, Israel elegía a Golda Meir como primera ministra, en un mundo con escasa presencia femenina en el poder y en una región particularmente represiva para las mujeres. Diez años después, el Reino Unido daría ese paso con Margaret Thatcher. Israel no solo fue pionero; se posicionó tempranamente entre las democracias que abrieron espacios reales de liderazgo para las mujeres.

Rebeca Permuth
Abogada y Notaria. Presidenta Honoraria Comunidad Judía de Guatemala
Este avance no es casualidad. En gran medida, responde a que las mujeres también deben prestar servicio militar. En una democracia donde el ejército forma parte de la fibra misma del país, este funciona como un gran nivelador. Esta participación no es simbólica, es operativa; y se convierte en la base de una igualdad de género tangible. Algunos ejemplos: Unidades de tanques exclusivamente de mujeres, muchas de ellas en sus veintes, eliminaron a cincuenta terroristas tras diecisiete horas de combate el 7/10. Se estima que alrededor de treinta mujeres, entre pilotos y navegantes, han participado en los ataques recientes contra Irán. A ello se suma la labor fundamental de mujeres en unidades de defensa fronteriza y en inteligencia, donde detectan amenazas y anticipan ataques.
Así, mientras el mundo celebraba hace poco que en Arabia Saudita se autorizara a las mujeres a conducir vehículo sin acompañante masculino; en Israel, lejos de los reflectores, sin algarabías, las mujeres ya operaban tanques y pilotaban aeronaves militares. El contraste no es menor: refleja modelos diametralmente distintos de inclusión femenina, que van desde la libertad de decidir cómo vestir, sin la imposición de asfixiantes cárceles textiles, hasta la posibilidad real de acceder a los más altos niveles de liderazgo.

La hipocresía y la indignación selectiva son imposibles de ignorar. Basta un ejemplo: en 2021, Irán fue elegido para integrar la Comisión de la Condición Jurídica y Social de la Mujer de la ONU. Sí, el mismo régimen donde una mujer que se atreve a salir sin hijab puede ser brutalmente vapuleada hasta la muerte por la irónicamente llamada “policía de la moralidad”.
Es inconcebible que mal llamadas feministas, junto con la izquierda caviar, ataquen sin tregua a la única democracia real de Medio Oriente; mientras guardan un silencio cómplice ante las atrocidades perpetradas contra las mujeres en otros países de la región, traicionando aquello que hipócritamente dicen defender.

