Dayang* es una tímida joven de 15 años que vive en una comunidad islámica en un país del sudeste asiático. Seguir a Jesús implica un riesgo diario, pero eso no ha impedido que su madre, Jasmin*, abrace la fe cristiana. Jasmin enfrentó el rechazo de su familia y comunidad, siendo etiquetada como traidora a la fe islámica. Aunque el padre de Dayang no se convirtió, permitió que su esposa e hija siguieran su nuevo camino.
El objetivo en la escuela

Para Dayang, la persecución es más severa en la escuela. Constantemente sufre insultos y discriminación debido a sus oraciones y creencias. “Dicen que, debido a mi tribu, no debería ser cristiana, sino musulmana”, explica. Como consecuencia directa de esta hostilidad, la joven cristiana solo tiene una amiga.
La intolerancia se intensificó del abuso verbal a la violencia física. Un día, mientras regresaba a casa, Dayang fue apedreada por unos compañeros de clase. A pesar del dolor físico y la agresión, su fe se mantuvo firme. En un testimonio de convicción, la adolescente afirma: «Me duele, pero no abandonaré a Jesús».
Su madre, Jasmin, cuidó las heridas visibles e invisibles de su hija, comprendiendo profundamente este dolor por experiencia propia. Incluso después del ataque, Dayang demostró valentía al regresar a la escuela y seguir interactuando con quienes la discriminan. Su certeza es inquebrantable: Jesús está presente en cada momento de su vida.
Esta firmeza se cultiva gracias al apoyo de los socios locales de Puertas Abiertas. Dayang participa en un programa de capacitación para líderes juveniles; en las reuniones, estudia la Biblia, canta y comparte lo que siente. Es discipulada, sus habilidades de liderazgo se perfeccionan y se fortalece espiritualmente.
Otra fortaleza es la alegría de la comunidad cristiana. Antes de la conversión de su madre, Dayang sabía que la Navidad no era una celebración para los musulmanes. Ahora, madre e hija celebran el nacimiento de Jesús en su iglesia.

