Enero no es solo el inicio de un nuevo calendario; es una pausa colectiva, un punto de inflexión que invita a la reflexión profunda. Cada comienzo de año trae consigo expectativas, propósitos y preguntas esenciales sobre el rumbo que tomaremos como personas, como familias y como nación. En medio de un mundo marcado por la incertidumbre, los cambios acelerados y los desafíos sociales, económicos y espirituales, iniciar el año con Dios no es una tradición simbólica: es una decisión estratégica y trascendental.
Como directora de este periódico, y como ciudadana comprometida con la verdad, el bien común y los valores que sostienen a una sociedad sana, afirmo con convicción que comenzar el año con Dios nos permite establecer fundamentos firmes en tiempos donde todo parece frágil. No hablamos únicamente de una práctica religiosa, sino de una visión integral de vida que reconoce la necesidad de principios, dirección moral y esperanza genuina.
La historia nos ha demostrado que las sociedades que han prosperado de manera sostenible son aquellas que han entendido que el progreso material, sin un ancla espiritual y ética, termina por vaciarse de sentido. Empezar el año con Dios es reconocer que no todo depende de nuestra fuerza, de nuestra planificación o de nuestra capacidad humana. Es aceptar que necesitamos sabiduría para gobernar, justicia para decidir, humildad para corregir y fe para avanzar.
En este nuevo año, Guatemala —al igual que muchas naciones— enfrenta retos profundos: la reconstrucción de la confianza institucional, la necesidad de liderazgo íntegro, la urgencia de oportunidades reales para las nuevas generaciones y la defensa de la familia como núcleo fundamental de la sociedad. Ante este escenario, volver la mirada a Dios no es retroceder; es avanzar con claridad. Es recordar que la verdad, la justicia y la dignidad humana no son negociables.
Comenzar el año con Dios también nos unifica. En una época donde la polarización amenaza con dividirnos, los valores espirituales nos recuerdan que, más allá de nuestras diferencias, compartimos una responsabilidad común: construir un futuro donde prevalezca el respeto, la solidaridad y el bien colectivo. La fe bien entendida no excluye; convoca. No divide; ordena. No impone; transforma desde el corazón.
Desde este medio de comunicación reafirmamos nuestro compromiso de informar con responsabilidad, de analizar con profundidad y de comunicar con propósito. Creemos firmemente que el periodismo no solo debe narrar los hechos, sino también aportar luz, contexto y esperanza. En ese sentido, iniciar el año reconociendo a Dios como guía es coherente con nuestra misión de servir a la sociedad con integridad y verdad.
Que este 2026 no sea únicamente un año de metas económicas o logros personales, sino un año donde nuestras decisiones estén alineadas con principios eternos. Que cada familia, cada líder, cada emprendedor y cada servidor público pueda preguntarse no solo qué quiere alcanzar, sino bajo qué valores desea construirlo.
Iniciar el año con Dios es elegir caminar con dirección, con propósito y con esperanza. Es sembrar hoy lo que deseamos cosechar mañana como sociedad. Desde estas páginas, extendemos una invitación clara y respetuosa: que este nuevo año nos encuentre firmes en la fe, responsables en nuestras acciones y unidos en la construcción de un mejor país.

