Las formas de honrar y servir a Dios tienen diferentes historias, platicamos con Angélica Ramos, quien dedica su voz para este propósito.

Angélica, ¿cómo nació tu llamado a la alabanza y al ministerio musical?
Mi llamado nació en la intimidad con Dios, no en un escenario. Desde muy joven entendí que mi voz no me pertenecía, que era un regalo del Señor para glorificarlo. En momentos de oración y quebranto, Dios comenzó a ministrarme a través de la alabanza, y fue ahí donde comprendí que cantar no era solo una habilidad, sino una asignación espiritual.
¿Qué significa para ti la alabanza más allá de la música?
Para mí, la alabanza es un estilo de vida. No se limita a una canción o a un momento en la iglesia, es una forma de honrar a Dios en todo lo que hago. La alabanza abre cielos, rompe cadenas y transforma corazones, empezando por el mío. Cada vez que canto, busco que Jesús sea el centro y no Angélica.
¿Cómo preparas tu corazón antes de ministrar?
La preparación espiritual es lo más importante. Antes de subir a un altar, busco estar bien con Dios, examinar mi corazón, perdonar, rendir mis cargas y recordar que soy solo un instrumento. Oro mucho y le pido al Espíritu Santo que tome el control, porque sin Su presencia, la alabanza pierde su poder.
¿Has vivido momentos difíciles en tu caminar ministerial?
Sí, como todo siervo de Dios. He pasado por pruebas, silencios y temporadas donde parecía que nada avanzaba. Pero ahí aprendí que el propósito no depende de aplausos ni plataformas, sino de obediencia. Dios usa esos procesos para formar el carácter y enseñarnos a confiar plenamente en Él.
Mi mayor anhelo es que las personas tengan un encuentro real con Jesús. Que sepan que Él sana, restaura y ama sin condiciones. Si una canción puede llevar esperanza, levantar a alguien o acercarlo a Dios, entonces todo vale la pena.
¿Qué le dirías a quienes sienten un llamado similar?
Que no tengan miedo y que cuiden su intimidad con Dios. El talento abre puertas, pero es la unción la que transforma vidas. Permanezcan humildes, obedientes y apasionados por la presencia de Dios. Todo a Su tiempo y para Su gloria.
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