En Lexington, Kentucky, la histórica Iglesia de Cristo en Cramer y Hanover celebró su último culto luego de 110 años de servicio. Fundada en 1915, esta congregación mantuvo durante décadas un activo ministerio local y apoyo a la obra misionera mundial.

En su despedida, miembros y visitantes se reunieron para agradecer su legado espiritual. “Oh, si estas paredes pudieran hablar”, expresó el orador invitado Earl Mullins, al recordar las enseñanzas bíblicas que marcaron generaciones.
La iglesia atravesó años difíciles antes del cierre. La asistencia dominical se redujo a unas 15 personas y las limitaciones financieras obligaron a vender el edificio. Sin ministros ni liderazgo formal, los miembros decidieron disolver la congregación.

De acuerdo con Stan Granberg, de la organización Heritage21, muchas iglesias no logran renovarse a tiempo y atraviesan procesos naturales de cierre; por ello, acompañan a comunidades de fe para proteger sus recursos y mantener su misión.
Entre los asistentes estuvo Adele Hill, quien pasó su vida en la iglesia. Su abuelo fue pastor durante casi cuatro décadas y su esposo continuó el ministerio por 45 años. “No es solo la adoración dominical, es el edificio, los recuerdos”, compartió con emoción.
Durante la ceremonia final, Mullins citó Juan 14:1 para traer consuelo y esperanza. Aunque el templo ya no será usado por la congregación, su obra misionera continuará a través de otras iglesias. El tesorero Tim Smith expresó el deseo de que el inmueble siga teniendo un propósito espiritual. “Lo más importante no es recordar el nombre del edificio, sino el nombre de Jesús”, afirmó el orador, marcando el cierre de una etapa que deja huella en la comunidad.

