Siglos antes del nacimiento de Jesús, el profeta Isaías anunció un signo imposible: una virgen concebiría y daría a luz a un hijo llamado Emanuel. En el Evangelio de Mateo vemos cómo esta promesa se cumple, revelando la fidelidad inquebrantable de Dios.
Redacción La Palabra
En Isaías 7:14, el profeta declara: “Por tanto, el Señor mismo os dará señal: He aquí que la virgen concebirá, y dará a luz un hijo, y llamará su nombre Emanuel”. Este mensaje fue dado en un tiempo de crisis para Judá, cuando el rey Acaz temía por la invasión de sus enemigos. Dios le ofreció una señal extraordinaria para demostrar que Él estaba con su pueblo.

Más de 700 años después, Mateo 1:22-23 cita directamente esta profecía al narrar el nacimiento de Jesús: “Todo esto aconteció para que se cumpliese lo dicho por el Señor por medio del profeta”. El evangelista deja claro que María, siendo virgen, concibió por obra del Espíritu Santo, y que Jesús es “Emanuel”, que significa “Dios con nosotros”.
Este cumplimiento no solo valida la autenticidad de las Escrituras, sino que también muestra que Dios dirige la historia con precisión perfecta. Lo que parecía imposible para la lógica humana fue hecho realidad por el poder divino.
Para nosotros hoy, esta profecía cumplida es una fuente de esperanza. Nos recuerda que:
- Dios es fiel a sus promesas, sin importar cuánto tiempo pase.
- Él está presente en medio de nuestras crisis, tal como estuvo con Judá y con la humanidad a través de Jesús.
- Nada es imposible para Dios, ni siquiera lo que parece desafiar la naturaleza.

En un mundo que cambia constantemente, la certeza de que Emanuel, “Dios con nosotros”, sigue acompañando nuestras vidas es un ancla de fe. Así como el pueblo de Israel fue llamado a confiar, también nosotros somos invitados a descansar en la presencia fiel de nuestro Salvador.