Durante años nos hicieron creer que la política no era para nosotros. Pero, ¿qué pasa cuando dejamos de verla desde lejos y entendemos que también tenemos la responsabilidad de participar, cuestionar y decidir el futuro que queremos construir?

Por lo largo de los años nos han dicho que no tenemos la capacidad, que es un juego peligroso, que la política es para otros y que participar puede costarnos demasiado. Nos han generado miedo para no participar. Lo peor es que lo creímos.
Por miedo, ignorancia o falta de voluntad para involucrarnos, nos creímos tantas mentiras que encontramos la excusa perfecta para decir que no, convirtiendo la política en un tabú.
Pero ¿qué pasa cuando dejamos de verla desde lejos y decidimos experimentarla desde nuestros propios zapatos?
Como joven cristiana, también me he preguntado qué significa involucrarse en política sin perder los principios. Y encuentro algo interesante: la Biblia no presenta la participación en los asuntos de la sociedad como algo ajeno a nuestra responsabilidad. Incluso Jesús interactuó con autoridades, habló de poder, justicia, impuestos, liderazgo y responsabilidad. Ese poder consiste realmente en entender la realidad y actuar con principios.
Entonces, ¿qué es realmente la política?
Política es la manera en que una sociedad toma decisiones que afectan nuestras vidas, nuestras familias, nuestra educación, nuestros trabajos, nuestra seguridad y nuestro futuro.
Por eso no podemos desentendernos del tema.
Aunque no participemos, las decisiones políticas seguirán tomándose. Y esas decisiones nos van a alcanzar tarde o temprano.
El problema es que muchas veces formamos nuestras opiniones sin tener información. Repetimos lo que escuchamos en casa, lo que dice nuestro grupo de amigos, lo que vemos en redes sociales o lo que está de moda. La presión social termina pensando por nosotros.
Y aquí aparece una palabra que considero fundamental: criterio propio. Entendamos que no hay opiniones perfectas, lo importante es involucrarnos.
Las redes sociales han cambiado la manera en que conocemos la realidad política. Hoy tenemos más información que nunca, pero también más desinformación que nunca. Un video de treinta segundos puede hacernos creer que conocemos toda una historia. Un comentario puede convertirse en una verdad simplemente porque miles lo repitieron.
Necesitamos informarnos, y vencer el miedo a equivocarnos.
A veces no exponemos nuestros ideales porque tenemos miedo de que nos juzguen. Tenemos miedo de decir algo incorrecto, de que nos critiquen o de que nos etiqueten. Y terminamos callando. Sin embargo la participación implica un aprendizaje.
Durante demasiado tiempo nos han dicho que involucrarnos en política significa “mancharnos”.
Yo creo que el verdadero peligro está en dejar que otros decidan por nosotros mientras nosotros nos desentendemos.
Porque si solamente conocemos la política por lo que alguien más nos cuenta, nunca tendremos nuestra propia perspectiva.
¡No dejes que te lo cuenten, vívelo!
El problema más grande es convertir ese poder en una herramienta para favorecer intereses particulares.
Sin embargo el interés debe ser colectivo.
Cuando hablamos de política, deberíamos preguntarnos: ¿esto beneficia solamente a unos cuantos o genera oportunidades para todos?
No podemos exigir una política diferente mientras seguimos pensando que participar no es asunto nuestro.
Recuerda que involucrarnos no significa perder nuestros valores; sino llevarlos a espacios donde se toman decisiones.
El objetivo principal de involucrarnos como jóvenes en la política debe ser un interés colectivo: encontrar el bienestar para todos.
Esa debe ser la causa mayor.
Ese debe ser el fin: El bien común.
