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Guatemala Fe

CONSTRUYENDO LA GUATE QUE SOÑAMOS

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La Guatemala que queremos no se espera. Se construye.

Por Wendy García

La grandeza de Guatemala no siempre hace ruido. A veces comienza antes de que salga el sol, en una parcela donde un agricultor prepara la tierra; en un pequeño negocio que abre sus puertas; en una joven que convierte una idea en emprendimiento; en un maestro que prepara su clase; o en una comunidad que decide dejar de esperar y resolver aquello que durante años parecía imposible.

Guatemala despierta temprano. Miles de guatemaltecos se levantan, trabajan y vuelven a intentarlo. Allí, en esas acciones cotidianas, también comienza la construcción de una nación.

Porque Guatemala no se construye solamente desde los grandes edificios, las oficinas de gobierno o las salas donde se toman decisiones. Se construye desde las familias, las aulas, los campos, las empresas, las comunidades y las iglesias.

Pero para quienes creemos en Dios existe una pregunta todavía más profunda: ¿sobre qué principios queremos construir el país que dejaremos a nuestros hijos?

Una nación puede crecer económicamente y perder sus valores; desarrollar tecnología y olvidar la dignidad humana; tener recursos y carecer de propósito. Por eso, la Guatemala que soñamos necesita desarrollo, instituciones y oportunidades, pero también necesita una base moral.

Y para nosotros, esa base comienza en Dios.

DIOS COMO FUNDAMENTO

Para quienes creemos en Jesucristo, Dios no puede ocupar un lugar secundario en nuestra visión de nación.

La Biblia declara: “La justicia engrandece a la nación” (Proverbios 14:34).

Engrandecer Guatemala no significa únicamente producir más, construir más o atraer más inversión. Significa también formar personas capaces de ejercer autoridad sin abusar de ella, empresarios que entiendan la responsabilidad que acompaña a la riqueza, profesionales que no negocien sus principios y ciudadanos que hagan lo correcto aun cuando nadie los observe.

Necesitamos instituciones sólidas, pero también personas íntegras. Leyes eficaces, pero también conciencia. Desarrollo económico, pero también dirección moral.

Porque una nación puede tener prosperidad y seguir siendo pobre en valores.

La Guatemala que soñamos debe crecer hacia afuera sin vaciarse por dentro.

LA IGLESIA: TRANSFORMAR DESDE ADENTRO

Aquí la Iglesia evangélica tiene una responsabilidad que no puede delegar.

Pero comienza dentro de sus propias paredes.

No podemos pedir honestidad a la sociedad si toleramos la falta de integridad entre nosotros. No podemos hablar de familias fuertes si no fortalecemos nuestros propios hogares. No podemos pedir buenos líderes si no estamos formando personas capaces de servir.

La Iglesia debe formar discípulos, pero también personas responsables con su comunidad y su país.

La fe cristiana no termina cuando termina el culto. Se expresa en la manera de trabajar, administrar, educar, emprender, ejercer una profesión, tratar al prójimo y participar en la sociedad.

La fe debe salir de las cuatro paredes y convertirse en servicio.

Un médico cristiano puede servir con excelencia. Un empresario puede generar empleo con justicia. Un maestro puede formar generaciones. Un periodista puede defender la verdad. Un joven puede utilizar la tecnología para crear. Una familia puede formar ciudadanos íntegros.

La Iglesia no tiene que convertirse en un partido político para influir en Guatemala.

Tiene algo más profundo que hacer:

formar personas transformadas por Cristo que lleven sus valores a cada espacio de la sociedad.

UNA GUATEMALA QUE YA ESTÁ CONSTRUYÉNDOSE

Hay una Guatemala que trabaja cuando todavía está oscuro.

Es la del agricultor que conoce la tierra, espera la lluvia y vuelve a sembrar después de una mala cosecha. Detrás de cada alimento hay esfuerzo, incertidumbre y esperanza.

Mientras algunos hablamos de transformar Guatemala, millones de personas ya lo hacen todos los días.

También hay una nueva generación que está creando.

Jóvenes que diseñan, programan, emprenden, producen contenido, desarrollan aplicaciones, abren negocios y convierten habilidades en oportunidades. No todos tienen capital o contactos, pero muchos tienen imaginación y voluntad.

No deberíamos mirar a los jóvenes únicamente como el futuro.

Ya son parte del presente.

Necesitan educación, tecnología, financiamiento, mentores y oportunidades; pero también necesitan una sociedad que crea en su capacidad.

Y existe otra Guatemala que pocas veces aparece en las noticias: la que se organiza.

Una madre que reúne familias. Un maestro que dedica tiempo adicional a sus alumnos. Un emprendedor que contrata a su primer trabajador. Una iglesia que abre sus puertas para servir. Vecinos que recuperan un espacio. Jóvenes que enseñan a otros.

Son acciones pequeñas, pero los países cambian precisamente cuando millones de pequeñas decisiones comienzan a avanzar en la misma dirección.

LOS PILARES DEL PAÍS QUE QUEREMOS

Educación

Guatemala necesita jóvenes preparados para competir en el mundo, pero también personas con carácter.

La educación debe desarrollar conocimiento, tecnología, creatividad y pensamiento crítico, pero también responsabilidad, disciplina y ética.

Queremos profesionales brillantes que sepan utilizar su talento para construir, no para destruir.

Trabajo, empresa y emprendimiento

Generar riqueza no debe ser motivo de vergüenza.

Una empresa que produce, invierte y genera empleo puede ser una herramienta de transformación social. El empresario debe comprender que detrás de cada puesto de trabajo existe una familia; y el trabajador, que detrás de cada empresa existen inversión, riesgo y responsabilidad.

Guatemala necesita más empresas que crezcan, más emprendedores que creen y mejores condiciones para que ambos puedan hacerlo.

Instituciones

Una nación necesita reglas claras, seguridad jurídica y servidores públicos que comprendan que ejercer autoridad significa servir.

La corrupción no se combate únicamente con leyes. También requiere personas que entiendan que abusar del poder está mal, incluso cuando nadie los descubre.

Infraestructura y oportunidades

Una carretera conecta una comunidad con un mercado. Internet conecta a un estudiante con conocimiento. Un aeropuerto conecta a un emprendedor con el mundo.

La infraestructura es también desarrollo.

Guatemala necesita conectar sus regiones, productores, empresas y talento para que las oportunidades no estén concentradas en unos pocos territorios.

Cultura e identidad

Nuestra historia, patrimonio, pueblos, idiomas, gastronomía, arte y tradiciones forman parte de una riqueza que también puede generar conocimiento, empleo y turismo.

Amar Guatemala no significa afirmar que todo está bien.

Significa amarla lo suficiente para querer hacerla mejor.

Familia

Una nación fuerte necesita familias fortalecidas.

El hogar es una de las primeras escuelas de responsabilidad, respeto, trabajo y amor. Por eso la Iglesia tiene también el desafío de acompañar a las familias, fortalecer matrimonios, orientar a los padres y formar generaciones capaces de construir relaciones sanas.

Una nación comienza mucho antes de sus instituciones: comienza en casa.

LA ESPERANZA QUE SE CONVIERTE EN ACCIÓN

Como cristianos, nuestra esperanza está puesta en Dios. Pero esa esperanza no puede convertirse en pasividad.

Oramos por Guatemala, pero también trabajamos por ella.

Pedimos sabiduría para nuestros gobernantes y formamos ciudadanos responsables.

Pedimos justicia y actuamos justamente.

Pedimos paz y nos convertimos en constructores de paz.

Pedimos prosperidad y trabajamos con excelencia.

La fe bíblica no nos llama a esperar de brazos cruzados aquello que también está en nuestras manos hacer.

La esperanza produce acción.

Por eso, quizá debamos dejar de preguntar únicamente:

“¿Quién va a arreglar Guatemala?”

Y comenzar a preguntar:

“¿Qué puedo hacer yo con lo que Dios puso en mis manos?”

El agricultor responde sembrando.

El maestro, enseñando.

El empresario, generando oportunidades.

El joven, creando.

El padre y la madre, formando.

El profesional, sirviendo.

La Iglesia, discipulando y acompañando.

La comunidad, organizándose.

El ciudadano, participando.

Cada uno desde su lugar.

¿QUÉ GUATEMALA LE VAMOS A ENTREGAR A NUESTROS HIJOS?

Nuestros hijos no necesitan recibir un país perfecto.

Necesitan recibir un país que avance.

Uno donde puedan estudiar, trabajar, emprender, formar una familia y desarrollar sus talentos sin sentir que necesariamente deben abandonar su tierra para hacerlo realidad.

Pero también necesitan recibir algo que ninguna estadística puede medir:

una nación con principios.

Una nación donde la verdad importe, la palabra tenga valor, la justicia sea respetada, el trabajo dignifique, el poder tenga límites y el prójimo sea tratado con dignidad.

Y una nación donde Dios no sea mencionado solamente en momentos de crisis, sino reconocido como fundamento de nuestra vida.

EL FUTURO SE SIEMBRA HOY

Cuando el sol ilumina los campos, el agricultor probablemente ya lleva horas trabajando.

La joven creadora continúa frente a su computadora.

El maestro prepara su próxima clase.

El pequeño empresario abre su negocio.

Alguien estudia.

Alguien emprende.

Alguien sirve.

Alguien comienza nuevamente.

Esa también es la historia de Guatemala.

No solamente la historia de sus dificultades, sino la de su gente.

Porque un país no es únicamente su economía, sus carreteras, sus instituciones o sus estadísticas.

Un país son sus personas.

Y Guatemala tiene millones que, aun con dificultades, siguen levantándose, sembrando, creando, sirviendo y creyendo.

La Guate que soñamos no es un lugar que algún día encontraremos.

Es una obra que estamos construyendo hoy.

Con nuestras decisiones.

Con nuestro trabajo.

Con nuestras familias.

Con nuestras empresas.

Con nuestras comunidades.

Con nuestra fe.

Quizá el sueño no sea construir un país sin problemas, sino uno donde nadie tenga que enfrentarlos solo; donde el éxito de uno abra camino para otros; donde el talento encuentre oportunidades; donde la juventud pueda soñar; donde la fe produzca servicio y la esperanza produzca acción.

La Guatemala que soñamos no será construida por una sola persona ni por un solo sector.

El Estado debe cumplir su función.

La empresa debe generar oportunidades.

La academia debe formar.

Los medios deben informar con responsabilidad.

Las familias deben formar ciudadanos.

Las iglesias deben evangelizar, discipular y servir.

Y los ciudadanos deben participar.

Cada uno tiene una parte.

Pero quienes creemos en Dios tenemos además una convicción:

la transformación de una nación comienza con la transformación de las personas.

Por eso, antes de preguntarnos cómo cambiar Guatemala desde afuera, deberíamos preguntarnos cómo quiere Dios transformarnos desde adentro para convertirnos en instrumentos de transformación hacia afuera.

La Guatemala que soñamos comienza en el corazón.

Se fortalece en la familia.

Se forma en nuestras iglesias.

Se expresa en nuestras profesiones.

Se refleja en nuestras empresas.

Y termina convirtiéndose en cultura.

No sabemos exactamente cómo será Guatemala dentro de veinte o treinta años.

Pero sí podemos decidir qué semillas plantaremos hoy.

Educación.
Trabajo.
Justicia.
Honestidad.
Unidad.
Servicio.
Fe.

Porque la Guatemala que soñamos no está esperando en algún lugar del futuro.

Se está construyendo hoy.

Y amar a Guatemala es mucho más que llevar sus colores.

Es trabajar por ella.

Servirla.

Cuidarla.

Formar a nuestros hijos.

Crear oportunidades.

Defender la verdad.

Respetar al prójimo.

Y hacer lo correcto aun cuando nadie esté mirando.

Que Dios gobierne primero nuestros corazones, nuestras familias y nuestras acciones, para que podamos contribuir a construir una nación donde la justicia, la verdad, el trabajo, la dignidad y la paz tengan un lugar.

Porque la Guatemala que soñamos no será simplemente heredada.

Será construida.

Y si Dios nos concede verla florecer, podremos decirle a las generaciones que vienen:

No fuimos perfectos.

Pero no nos quedamos de brazos cruzados.

Creímos.

Trabajamos.

Servimos.

Y construimos.

ESTA ES NUESTRA GUATEMALA.

ESTA ES LA GUATE QUE SOÑAMOS.

Y EL MOMENTO DE CONSTRUIRLA ES HOY.

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